Lumilda Mis nervios crecían con forme pasaban los minutos sin saber hasta donde pudieron haber llegado, no me centraba en nada más que en lo que pasaba, en lo que podía llegar a pasar si él no podía arreglar las cosas, no quería entrar a la casa, solo quería quedarme en la puerta mientras lo esperaba, porque sentía que si entraba el aire se volvía escaso y la opresión en mi pecho crecía, así que lo mejor era estar aquí y tomar aire fresco. -Hija, tu celular no deja de sonar- menciono y yo mire a Mery quien traía mi móvil el cual tenía ya 5 llamadas perdidas de Alana mi asistente y de Dafne, y si ellas insistían tanto debía ser algo malo, con la diferencia de horario en Roma debería ser por la tarde y aquí era aún temprano -Gracias- mencione tomando mi móvil- ¿Que pasa Alana? - pregunte

