53. Persecución Giselle Mientras tomo el desayuno con los niños, el tintineo de la porcelana se mezcla con las risas suaves que llenan la estancia. Es una mañana tranquila, casi perfecta. Hasta que un par de golpes en la puerta interrumpen la armonía. Una de las empleadas se levanta para abrir. Al volver, sus brazos cargan un enorme ramo de rosas rojas que inunda la habitación con su fragancia. —Señorita, trajeron esto para usted —dice con una sonrisa curiosa. Mi padre deja su taza sobre el plato con un bufido que no disimula su desaprobación. Mamá, en cambio, luce encantada. Sus ojos brillan como los de una adolescente atrapada en una novela romántica. —No es necesario saber quién las manda —dice, casi suspirando. Aunque no lo quiera reconocer abiertamente, Justin le parece el yern

