12. ¿Hijoa fantasma? Giselle —¿Perdón? —le respondo sin siquiera dignarme a mirarlo, manteniendo la vista fija hacia adelante. —¿Con qué derecho solicita ver mi rostro? ¿Acaso no le enseñaron buenos modales? Su silencio es inmediato. Solo puedo escuchar su respiración, agitada, como si luchara por mantener la compostura. —Discúlpeme… —balbucea al fin, con la voz más baja, casi rota. — Solo… solo quería confirmar que usted no fuera ella… Es una estupidez de mi parte. Sus palabras me obligan a fruncir el ceño. Giro apenas la cabeza, lo suficiente para que perciba mi curiosidad, aunque me resisto a darle más que eso. —¿Ella? —pregunto, con tono frío pero sin poder contener la inquietud que me provoca. —¿Me confunde con alguien importante para usted? El silencio que sigue es una daga

