70. Aunque duela Ethan —¿Ustedes no piensan subir? —pregunta mamá con una sonrisa traviesa, mientras nos observa a Viry y a mí, detenidos a unos metros, contemplando cómo los globos comienzan a elevarse lentamente en el cielo teñido de naranja y oro. —Y-yo… me dan un poco de miedo las alturas —responde mi asistente, titubeando, casi en un susurro. Mamá niega con la cabeza, divertida, y alza una ceja en señal de reto. —Vamos, eres muy joven, debes aprender a disfrutar la vida. Estoy segura de que si subes con Ethan, te sentirás protegida. ¿Verdad, hijo? —me guiña el ojo descaradamente. Por el rabillo del ojo, veo cómo el rostro de Viry se enciende en un rojo profundo, tan intenso que podría competir con cualquier atardecer. Antes de que pueda decir algo más, mamá remata: —Además, mir

