CAPITULO 24

1689 Palabras

Adriana lloro mientras observaba a su pequeña hija a través del cristal, esperando la autorización de la enfermera para poder amamantarla tenía ocho semanas de nacida, ya no era pequeña y frágil como los primeros días, sus manos temblaron cada vez que la sostuvo entre sus brazos con temor a hacerle daño, ahora era diferente Laura había ganado peso y tamaño. Cada día iba creciendo un poco más, aún le dolía no haber sido capaz de llevarla más tiempo en su interior como debía ser; pero la felicidad que sentía no podía ser opacado por esa pequeñez.   —Por favor —la enfermera la dejó pasar hasta donde su pequeña Laura esperaba por su primera comida de la mañana. Habían sido cuatro semanas muy difíciles, entre exámenes para asegurar su estado de salud y evitar la Preeclampsia pos parto y las v

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