Adriana cerró los ojos dejándose llevar por las emociones que atravesaban su cuerpo, entregándose por completo a su hombre. —¡Ah! —su boca dejó escapar un gemido ronco, al sentir la lengua de Gabriel recorrer su húmeda intimidad, sentir los dientes raspando su duro botón le llevó a un espiral de placer del cual no deseaba salir jamás; pero decidida a no ser simplemente quien disfrutará de la entrega atrajo a Gabriel hasta sus labios invirtiendo los papeles, quedando ella sobre él. —Adriana —musito Gabriel al ver el brillo apasionado en los ojos de su esposa. —Esto apenas comienza cariño mío —besó los labios de Gabriel con pasión desenfrenada, sus manos acariciaron desde el pecho desnudo hasta la viril dureza de su marido. Recorrió con la yema de sus dedos la hombría de Gabriel,

