Me remuevo en la cama incomodo sintiendo el brazo de mi adorada esposa en mi rostro cortándome la respiración. Hemos dormido en la misma cama por siete años y Aisha no deja de casi matarme en sueños, recuerdo la última vez que decidió que mi rostro no era lo suficientemente cómodo y decido poner una almohada encima para poder dormir con tranquilidad; casi muero por asfixia pero mi esposa durmió lo suficientemente tranquila. Levanto cuidadosamente su brazo para no despertarle y me muevo para tener una vista más panorámica de su delicado cuerpo que agradezco a los cielos que es solo mio, mi pequeña se pone como un tigre cuando le despiertan y créanme que no es bonito escucharla gruñir quejándose de que diez horas de sueño no son suficientes y sobre todo, que su trabajo es casado por lo cual
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