Marcela. Sonrío viéndolo a los ojos porque sube las escaleras del departamento de atrás conmigo en brazos, no me quiere soltar, comimos la cena en donde estaba pegado a mi, tocándome, dándome besos sin parar y yo desesperada para que llegue la noche y poder hacerlo, menos mal que las nenas llegaron super cansadas y todavía no estábamos terminando de comer cuando ya se querían ir a dormir, y fue todo trabajoso, lavarse los dientes, ponerse los pijamas, ir a hacer pipi por las dudas y a la cama, que las tuve que girar para peinarlas y cambiarles las bombachitas. —No gires. —frunzo las cejas por eso—. Cierra los ojos. —Si. —me gira y camina empujándome, sonrío porque siento su pene crecer en mis nalgas—. ¿Una sorpresa?. —Si. —¿Lo que siento en mis nalgas tambien es sorpresa?. —Oh, lo co

