Capítulo 22

3292 Palabras

 Sus ojos comenzaron a cristalizarse , y al poco tiempo pequeñas y transparentes lágrimas brotaron de ellos.  La azabache cerró los ojos con impotencia y ocultó su rostro entre sus manos mientras sentía un pequeño cosquilleo en sus piernas. Efectivamente, tal y como había predicho, sus piernas humanas comenzaron a desaparecer para dar lugar a su auténtica cola de sirena.  Martinette comenzó a sollozar, víctima de la impotencia, pues Adrien la tenía acorralada, estaba entre la espada y la pared. ¿Cómo podía ser capaz de hacerle algo como aquello? Estaba a punto de exponerla frente a todo el castillo sin ningún reparo, ni temor.  No quería que la viese llorar, pues ya de por sí se sentía humillada como para ahora además darse el lujo de derramar lágrimas .  Pero fue en vano, Adrien ya la

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