—¡Rápido, vengan. Ella necesita ayuda!—gritó Adrien nada más entrar por la puerta principal del castillo. Algunos empleados de servicio se acercaron alarmados al ver a la joven pareja acercarse con dificultad, Adrien ayudaba a Marinette a caminar sosteniéndola por los hombros y cintura. —Dios mío la señorita Marinette...—varias empleadas se acercaron a ellos con preocupación. —Ustedes dos, síganme a las habitaciones de arriba, voy a necesitar toda la ayuda posible—Adrien acabó por coger a Marinette en brazos y tomarla en volandas para subir más rápido las escaleras—y vosotros haced llamar al médico, le mismo que indiqué la vez pasada. En tan solo unos segundos la tranquilidad de los pasillos del palacio se convirtió en un completo alboroto lleno de empleados que andaban de un la

