Antes de ser una persona creativa, amante de los alimentos y un productor de platillos fantásticos, Randolph era un abogado, el hijo de un abogado y una economista, cínicos de profesión, y el nieto de una familia política que sabía que siempre habría un hueco para salirse con la suya. Así que había estado obsesionado en blindar sus adopciones, que nadie nunca le pudiese decir que sus hijos no eran suyos. Así que le había dejado claro a la mamá delictiva de su hijo que no lo podía venir a apedrear con una banda de delincuentes cuando se le diera la gana y saliera de la cárcel, y su sentencia era tan larga que no había forma de que volviera a salir, aunque ella saliese de prisión negligente que no creía que volviera a pedirlo, el niño ya había estado en manos de todos sus familiares antes

