Mis manos temblaban y no podía quedarme tranquila sabiendo que unos minutos iba a estar caminando hacia el altar junto a mi padre. Sophie y mi madre estaban haciendo todo lo posible para calmarme, pero los nervios me estaban consumiento y quería salir corriendo de toda esta locura. Además, algo estaba pasando y nadie, fuera de esta habitación, lo sabía. —¡Llegué! —grita Malena entrando con una bolsa en mano—. No entendía un choto del holandés, así que agarré cinco a ver qué pasa. Las pruebas de embarazo caen sin control en la cama y suelto un chillido, sintiendo las náuseas llegar de nuevo. Mi madre me da palabras de aliento y sin pensármelo mucho, agarro todas y las meto conmigo al baño. Hago todo lo que las cajas me indican, mientras mis piernas temblaban, y luego sólo queda espe

