Celestia en su desesperación y con la cabeza llena de conjeturas y posibilidades inseguras, caminando de aquí para allá, viéndose inquieta y con la respiración honda. Fue hasta el mueble del baño y sacó una cajita de comprimidos, los mismos del sueño de Julia. Viéndolo fijamente lo veía con mucha duda, pues se quedó pensando con la cajita en la mano si podía resistir o no, pues se había vuelto dependiente pero sabia que era peligroso, por lo que pudo más la buena voluntad y arrojó la caja a la papelera. Casi con lágrimas corriendo, se agachó abrazando sus piernas. —Debo cambiar, debo dejar de ser así, no está bien. El tiempo transcurrió, yo ya estaba en mi casa, recuperándome poco a poco. A pesar de ver a mi padre a diario me parecía todo algo tan irreal, pero un día quedé en shock
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


