Capítulo 18 A la mañana siguiente, me levanto con la magnífica sensación de que me están masajeando los pies. Durante unos segundos me siento tan bien que me parece estar soñando e intento evitar despertarme. Sin embargo, sentir que unos dedos fuertes me masajean el pie es tan real que suspiro de felicidad cuando me frotan cada dedo con la presión adecuada. Abro los ojos y veo a Julian sentado en la cama, espléndido en su desnudez y sosteniendo una botella de aceite para masajes. Se echa un poco en la mano, se inclina hacia mí y me empieza a masajear los tobillos y después las pantorrillas. —Buenos días —susurra mientras me mira. Lo observo callada y con sorpresa. Julian ya me ha masajeado antes, pero normalmente para relajarme antes de hacerme algo que me va a hacer gritar. Nunca ante

