Capítulo 21 «¡Pum, pum!». El sonido de la explosión de un coche me saca del sueño profundo. El corazón me martillea, me doblo como si estuviera sentada, luego me agarro las grapas del costado con un pitido de dolor. «¡Pum, pum, pum!». Sigue el ruido y me quedo helada. Un coche no explota de esa forma. Se escuchan tiros. Tiros y algunos chillidos. Está oscuro, la única luz es la que proviene de los monitores a los que estoy conectada. Estoy en la cama en mitad de la habitación, lo primero que vería cualquiera que abriera la puerta. Se me ocurre que también puedo sentarme con una diana pintada en la frente. Trato de controlar la respiración irregular, me quito la vía del brazo y me pongo de pie. Aún me duele al andar, pero me da igual. Estoy segura de que las balas hacen mucho más daño.

