Capítulo 10

847 Palabras

  Subí al coche.   El chofer encendió el motor y bajó con discreción el cristal divisorio.   Sola en el asiento trasero con Cary, el enorme Cadillac de repente me pareció un armario cerrado.   "¿Cómo tienes la espalda?" preguntó.   Si no fuera porque su tono parecía más un jefe pidiendo un informe que alguien realmente preocupado, hasta podría haberme creído el gesto.   "Estoy viva, como puedes ver," contesté con la misma frialdad que él.   Sin mirarlo, sabía que estaba frunciendo el ceño. Últimamente esa era su cara por defecto cuando estábamos a solas.   "No me hables así."   "Perdón, señor. Sí, señor, gracias por preguntar, señor, mi espalda está de maravilla, señor."   Al segundo siguiente sentí sus dedos fuertes agarrándome la mandíbula, obligándome a girar la cara hacia él c

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