Los padres, del cachorrito estaban inconsolables, no se hacían a la idea de perder a uno de sus hijos, Luciano, sentía que todo se le salía de las garras, tenía tanto poder y lo que más le importaba en la vida no lograba conservarlo o mantenerlo a salvó Después de sacar un poco su dolor, Isabella, se quedó dormida, ella seguía muy delicada todavía, no estaba recuperada ni al cuarenta por ciento, El Alfa la dejó descansar, él salió de la habitación para ir a ver a su travieso cachorro, era ya la hora del almuerzo — Papá, ¿en dónde estabas? ¿viste a mamá? yo quiero verla, quiero ir con mamá — Ella está descansando ahora, más tarde cuando despierte te llevaré a que la veas, ahora iremos al castillo, necesito darme una ducha y cambiarme de ropa — Papá, el cachorro tengo hambre, pero no pue

