El día llegó y trajo consigo nuevas expectativas. Douglas tomó un café rápido en la cocina y se tomó un tiempo para organizar sus ideas. El padre de Verónica tenía que ir a la empresa para arreglar algunas cosas. Douglas pensó que era una buena idea. De este modo, se tomaría un respiro de la situación durante un tiempo y no dejaría lugar a pequeñas charlas sobre la desaparición de su hija. Después de la comida, el silencio se mantuvo y esta vez fue Douglas quien se sintió intrigado. Todo indicaba que los criminales querían resolverlo todo cuanto antes, por lo que aquel silencio era realmente extraño. A última hora de la tarde, para su desgracia, recibieron la visita del tío de Verónica, que no sabía nada del caso. “¿Cómo estás, Armando?" saludó Pablo tratando de disimular la angustia.

