Niklas Schneider El olor a la colonia de mi mujer me tortura hasta en sueños. He tenido que obligar a mi cuerpo a descansar en todo el camino a Italia para no estropear mi matrimonio apretando el cuello de mi esposa hasta acabar con su oxígeno. La maldita me vuelve loco hasta cuando duermo y la única norma que debía seguir era mantenerme alejado de ella pero... en realidad no soy un tipo que obedezca órdenes o normas, eso no es lo mío. Me produce placer y me la pone dura romper las reglas, con ella... más que con ninguna otra cosa. —¡Despierta...! —empiezo a sentir su aliento en mi oído. Es un sueño muy erótico, todo lo que viene de ella lo es. Su perfume me enciende, su voz me calienta hasta si estoy bajo cero y ya, sentir como ahora su boca sobre la piel de mis labios es obtene

