Emilia Schneider Abro los ojos de golpe recibiendo unos ojos que conozco muy bien con los míos. Niklas está frente a mi, mirándome con esa mirada que tiene que abrasa la piel. Trayendo a mi mente recuerdos de los últimos días en los que he estado con él siendo feliz, intentando demorar los días que tenían que venir. Esos que ha traído él de golpe. —Por fin abres los ojos —luce desilusionado —. Llevo dos horas esperando que despiertes. —¿Me disparaste? Mi voz sale como si estuviera distorsionada. Como si la lengua de me enredara al hablar. —No, Emilia. No te disparé. —¿Entonces...? —Entonces te golpeé en la nuca para desmayarte y que dejaras de luchar. Tenemos que hablar —se sienta delante de mi. Me doy cuenta que estamos en una habitación de alguna parte. Me ha movido a no sé dó

