El chantaje

1610 Palabras
Cuando saboreo haber llegado al entendimiento con mi padre, un golpe en la puerta me sorprende. Es algo sueva, como pequeños y titubeantes toques. Me acerco yo que estoy casi a dos metros y cuando abro que veo a la pelirroja me extraño y mirando a mi padre le indico con un gesto que saldré, luego seguiremos con lo demás que tenemos pendiente. —¿Qué haces aquí? —la palabra brota de mi como si estuviese ahí agazapada esperando por salir. No dejo de ver a la chica de arriba a abajo, su cuerpo es un misterio que me seduce mucho,muchísimo de hecho pero no quiero que ella sepa eso No todavía. —Te estaba buscando —explica intentando ver detrás de mi pero ya he cerrado la puerta. —¿Para...? —Hablar contigo —añade alzando los hombros. Hemos pasado de grandes frases a todo monosílabos o dos como mucho. Es un hecho que ambos guardamos ciertos secretos, y los dos lo sabemos pero en su caso no debe ser mucho cuando supuestamente sufre de amnesia A menos que sea una especie de amnesia selectiva. —¿Seguiremos en pocas palabras o dirás algo más concreto? —la pico para ver hasta donde puede estar escondiendo algo. Si bien mi padre no confía en ella yo solo quiero hacerla mía, mientras más difícil me lo ponga mejor y de cualquier forma tendrá que morir así que ganamos todos. Menos ella claro. Yo no me enamoro...Le doy un poco más de tiempo y obtengo lo que busco: liderar el clan Schneider. —Quiero proponerte algo —alega y se gana mi atención. Antes de decidir oírla la tomo del brazo y la guío hacia la habitación, no quiero que ande deambulando por la casa pero antes de llegar digo... —No me interesa. Me gusta su cara de desconcierto. La forma en que puedo jugar con ella sin que se me note cuanto la deseo. Intento hacerla sentir mal para que no se crucen ciertas líneas entre los dos. —¿Por qué me tratas así? —masculla dolida. —Así, ¿Cómo? —¿Sabes qué...?, olvídalo. —Ni siquera pensé recordarlo. La veo tomar distancia de mi y me enfurece que me de la espalda y se largue. Es mi casa, mis planes y mis reglas...no puede desafiarme y seguir invicta. –¡Ya no me casaré contigo! ¡No quiero! —decreta como si fuese a importarme. —No se cuándo te he dado opciones. Caminamos una al lado del otro. Creo que tendré que encerrarla hasta que todo suceda porque esta chica es más combativa de lo que esperaba. Y tampoco esperaba que eso me fuese a gustar, a encender xomo lo hace. Wsta mujer me está volviendo loco y presiento que amo la forma en que lo hace. ¿Será que oyó mi conversación con papá?, no puede, no creo. Aunque no debería descartarlo del todo. Sin embargo sabiendo que pretendo acabar con su vida en unas semanas más ella tendría otra conducta...pienso yo. —Quería proponerte irme lejos, no sabrías nunca más de mi —se da la vuelta de repente y me toma del cuello de mi camisa. Luce un poco desesperada, no entiendo nada y no me gusta lo que dice. No sé por qué, además de lo obvio claro. —¿Qué estupidez es esa? —rujo con ira, no quiero eso. —Te daría mi cuerpo si es lo que buscas y luego me marcho. Disimulo mi cara de sorpresa. No sé cuando le dije a ella que buscaba swxo obligandola a ser mi mujer para eso. Me he enredado en tantos cuerpos de mujer como he querido y a ninguna le he puesto un anillo en el dedo. Tengo las que quiera entragadas de cuerpo entero y viene esta y asume que es la maldita Venus De Milo. Casi me río pero me mantengo firme en mi expresión. —Quién te dijo que porque hayamos tenido dos conversaciones honestas, en caso de que lo hayamos sido... me intersas? —matizo porque empiezo a creer que ella miente, como yo. Aunque en eso que hablamos sobre el deseo y tal, no he sido mentiroso. —¿Ah no...? Luce decepcionada. ¡Me encanta! Pones unas caras que empiezo a conocer y es tan adorable como las de enfadada. Esta mujer tiene algo que me gusta, me lo ponga en el ángulo en que me lo ponga. –Aquí hay dos caminos, pelirroja —alza una ceja y vuelve a ser adorable —, o te casas conmigo o te mato, es muy simple. —Es un chantaje —replica. —Un chantaje muy simple —matizo para no tener que tragarme si aclaración. —Y, ¿si no quiero? —Peor para ti y creo oportuno tener que recordarte que no voy a ponerte una mano encima, no porque tu no quieras sino porque yo no estoy interesado. Hay muchas para entretenerme... —Eres un maldito miserable, narcisista de mierda —brama ofendida y acabamos contra la pared, cierro la puerta de una patada y tomando sus muñecas detrás de la espalda bramo en su boca: —Lo que quieras pero lo tomas o lo dejas... —Lo tomo pero suéltame ya, tampoco tengo muchas opciones. Hago lo que me pide, que por otro lado es lo mejor para los dos y me alejo de ella tomando el pomo de la puerta en mi mano, chasqueo la lengua y le digo: —¡No, no las tienes la verdad! (...) Dieciocho horas después estamos en nuestra boda, ella ya ha dicho el clásico sí quiero y solo nos queda darnos el beso que todos están esperando. Mis manos rodean sus mejillas ansiosas. Es la primera vez que voy a besarla, me arden las arterias de deseo. Todos son testigos de la hermosa mujer con la que me he casado, y pronto me verán enviudando por la misma. Todo muy lúgubre pero necesario. En la vida a veces como le dije a ella, estamos en el lugar equivocado a la hora errónea. —Vas a besarme —murmura con temblor en los labios. Paso el pulgar con delicadeza por sus mejillas y asiento incapaz de hablar. La deseo, nadie sabe cuanto. —¡Ahora! Fundo nuestros labios en un beso profundo, húmedo, intenso. Los dos gemimos sin que nos importe cuanta gente nos ve. Mis dedos se meten dentro de su pelo suelto adornado con horquillas de perlas naturales. Ella se aferra a mis antebrazos mientras conectan nuestras lenguas, se unen en perfecta coreografía sus labios y los míos al tiempo que los invitados aplauden y vitorean el intenso momento. No me quiero separar de su boca ,sabía que iba a ser así, que no querría dejarla y que me gustaría quitarle la ropa y hacerla mía durante toda la noche pero no puedo olvidar que esto es un plan macabro y no podemos encariñarnos, ninguno de los dos. —Ha sido... —jadea Emilia aún aferrada a mis brazos. Si la suelto se cae. Yo también, las cosas como son. —Ha sido una buena actuación —susurro en su oído y me empuja con poco disimulo. No puedo dejar que ella se confunda. Ni me puedo permitir hacerlo yo. Todos aplauden y se van acercando a besarnos con afecto. Veo como Lina, mi prima del sur, le toma especial cariño y eso no me gusta. Mientras ellas hacen migas, Aurelio su marido se me acerca a felicitarme y recordarme que mañana tenemos una entrega en alta mar, cruzamos palabras y reclamo a mi mujer nuevamente antes de que haga más amistad de la correspondiente. —¡Bailemos, amor! Me la llevo al medio de la pista y damos una vuelta hasta tomar posiciones. —Maldito. —No sabes tú cuanto puedo llegar a estarlo —mastico esas palabras que tanto odio y la aprieto contra mi —. Ahora Cállate y baila. —¡Te odio! —Mejor para ti —sonrío y aprovecho para besarla rápido. Me encanta como sabe. Cuando estamos en pleno baile y nos sentimos un poco cómodos en medio de la situación, le doy un giro que provoca que delante de mi campo de visión aparezca la persona que estaba esperando hace cuatro días. Normalmente no aparece en publico pero teniendo en cuenta la situación ha venido directo hasta aquí. Se encamina directamente hacia mi y la mujer entre mis brazos me mira desconcertada, cuando se ponen delante nuestro aquellos ojos azules profundos y me mira serio sin decir nada, como es habitual... —¿Quién es? —murmura Emilia a mi lado. El recién llegado la mira asombrado y sé que suele tener ese efecto en todos pero los celos me pueden a pesar de todo y le digo... —No te importa, solo mantente lejos de él. La echo a un lado y le tomo entre mis brazos en un apretado y sonoro saludo ante la familia entera...no me importa lo que diga papá después. Abrazo al príncipe de la familia Schneider. Y él,como siempre se prende de mi cuello con el cariño que nos tenemos pero sus ojos sin embargo antes habían ido a ella, prendado como yo de su belleza. Ella tiene ese efecto en todos, son los malditos ojos verdes que se te encajan como garfios al corazón y para él, no es diferente. No sé si estaré feliz de verlos juntos, los celos aunque absurdos me dominan y no quiero que ella le mire como le mira ni que él la imite. No contaba con esto...
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