Capítulo 54 Emilia Capola El salón está en silencio. El italiano me mira, luego a Niklas, y sonríe con esa calma perturbadora que solo tienen los hombres que han vivido demasiado tiempo rodeados de muerte. Sus dedos tamborilean sobre la copa de vino, como si la amenaza de una bala en la frente fuera una molestia menor. Me arde el pecho. Estoy atrapada en una escena que no sé cómo se va a desmoronar, pero estoy segura de que alguien saldrá muerto esta noche. —¿Y qué crees que ganarás con esto, Niklas? —dice el italiano al fin, con voz grave—. ¿Poder? ¿Venganza? ¿Mi silencio? Niklas no responde. No necesita hacerlo. Su mirada es una sentencia. Está tenso, pero decidido. Sus hombres no titubean. Han entrenado para esto. Están esperando su orden. Saben que solo hay un desenlace posible si

