Erendira apreciaba el evento recargada en un pilar que sostenía el techo del gran salón. Analizaba todo a detalle con esa gran inteligencia que le caracterizaba.
Su prima y el príncipe se habían estado observando todo el tiempo, era fácil adivinar que la alianza sería un éxito pues estos dos no renunciarían el uno al otro.
-Ya veo sus motivos, no preguntaré más. -Respondió el rey mirando fijamente a todos y juntando ambas manos. -Pero daré una respuesta definitiva una vez que escuche a mi hija. ¿Estarías de acuerdo en unirte al príncipe en matrimonio?
-Yo haría cualquier cosa padre si valoras que sea lo mejor para el reino. -Trataba de ocultar su emoción y se mantenía recta en la silla. -Pero me gustaría conocer un poco al príncipe, dar una caminata con el solas para conversar.
-Muy bien hija, estoy de acuerdo. -El rey se levantó de su asiento. -Levanto la sesión un par de días para que ellos tengan un poco de tiempo y puedan conversar. Mientras tanto ustedes serán invitados de honor y pueden hacer uso del castillo a su antojo.
-Su majestad estamos agradecidos. -Respondió el otro rey inclinandose..
-Bueno si no hay nada más que hablar vámonos a dormir o a seguir bebiendo los que quieran, yo estoy cansado e iré a mis aposentos.
-Si me permite su majestad yo tengo algo que decir. -El sacerdote emisario había llegado desde lejos buscando esposa para su rey.