Capítulo 3

4231 Palabras
—¿Qué te atacó un tipo? Hayley ¿Qué diablos hacías a estas horas ahí? Hace unos minutos llegué a casa, Krista está en sus cinco minutos de mamá gallina, yo y mi gran bocota contándole lo que sucedió, aunque mi mente sigue en Adam. —Krista, estoy bien. —Fácil te matan y no me entero, ¿Qué tal si te hubieras topado con Tom? eres una tonta Hayley. —¡Oye! —De oye nada, por favor cuídate, me hubieras llamado y te hubiese acompañado. —Y nos atacarían a las dos. —¡Hayley! Llama mi atención, yo solo ruedo los ojos y me cruzo de brazos, ella se tira sentada sobre la cama. —Está bien, te prometo que a la próxima iré temprano. —Y, ¿Quién es ese Adam? —pregunta y no puedo evitar sonrojarme al escuchar su nombre, una sonrisa pícara aparece en el rostro de Krista. —No es lo que piensas, Adam fue el que me ayudó, no lo conozco. —Tienes tarjeta de cliente frecuente para meterte en problemas, Hayley, solo te topas con desconocidos. —La misma frase dijo él —respondo al escucharla, me parece una frase curiosa, aunque, en la voz de Adam suena mejor. —Es un chico listo, ¿Es sexy? —¡Krista! —¿Qué? solo es una pregunta, además, solo digo su nombre y te sonrojas. Agacho la mirada y me vuelvo a sonrojar mientras con mis manos retuerzo el borde de mi blusa. —Es sexy, pero bastante molesto. —¿Molesto? —Me llama Lizzy —respondo frunciendo el ceño, los ojos de Krista se clavan en mí, se nota su preocupación, me señala el lugar a su lado para sentarme y lo hago. —¿Le dijiste que no te llame así? —Sí, pero dice que le gusta y que lo seguirá haciendo. —Ese nombre solo lo usaba tu papá, pero no puedes seguir evitándolo. —Me duele cuando me llaman así, Krista, lo de mi papá fue bastante repentino y duro. Una lágrima solitaria baja por mi mejilla, papá era un hombre completamente sano, trabajaba como notario en su despacho, nunca se sintió presionado por su empleo, al contrario, le encantaba lo que hacía y disfrutaba los retos, recuerdo ese día, era tarde y me pareció extraño que no llegara a casa, tomé el auto y fui a su despacho, yo lo encontré sin vida, fue muy impresionante, el médico dictaminó que fue a causa de un infarto fulminante, lo extraño es que papá jamás estuvo enfermo del corazón. —Jamás podré entender ese dolor, pero recuerda que el dolor es inevitable y el sufrimiento es opcional, no te dejes caer, Hayley, quizás este chico sea una señal. —Tienes razón, tengo que superarlo, pero me es difícil. —Sabes que siempre contarás conmigo como una hermana, al igual que con toda mi familia. Krista tiene una bella familia, sus padres, el señor y la señora Anderson y sus hermanos, Joe y Nathan, ambos mayores que ella. —Gracias amiga. Sonríe y me da un fuerte abrazo. —No llores, tonta, me harás llorar a mí también, vamos al bar de Hank, yo invito. Asiento mientras me separo de ella, me levanto de la cama y camino hasta la cómoda. —Debo ir a comprar ropa. —Sabes que puedes usar la mía mientras lo necesites. —Sí, pero en verdad tengo que ir pronto, yo no lleno los vaqueros como tú. —Hayley, te quedan bien. —No tengo un trasero como el tuyo. —Hayley, tu culo es perfecto, solo eres una exagerada de lo peor. Camina hasta donde me encuentro y abre el cajón. —Yo te escogeré que ponerte, a ver, aquí tenemos una falda negra, corta y recta, tienes lindas piernas, te verás bien, y tenemos esta blusa azul, tiene buen escote, así podrás lucir tu par de nenas —señala sacando y mostrándome las prendas, yo arqueo una ceja, jamás he tratado de vestirme sexy ni nada por el estilo, yo soy más de vaqueros y zapatos deportivos. —¿Estás segura? —Confía en mí, Hayley, anda ve a la ducha y yo me encargaré de hacerte lucir bien. Me da un guiño, yo niego con la cabeza, tomo mi ropa interior y una toalla y voy a cuarto de baño. Minutos después salgo de la ducha envuelta en la toalla, Krista se está maquillando, su cabello rojo brillante cae lacio sobre su espalda, lleva unos ajustados vaqueros obscuros y un top rojo con unos tacones de muerte, tacón de aguja en charol n***o; se gira en sus talones al notar que salí. —Apúrate, tienes que vestirte. —Ya voy Krista. Me acerco a la cama y me quito la toalla, ella da un chiflido, yo solo pongo los ojos en blanco mientras ella se ríe, me pongo la dichosa falda que me queda un poco más abajo de los muslos. —Pareceré puta con esto. —No exageres, se te ve bien, apúrate, tengo que peinarte y maquillarte. Suelto una pesada respiración y me pongo la dichosa blusa azul de cuello halter y escote en la espalda, es en estos momentos que amo los sostenes de banda transparente en la parte posterior, son mágicos. —Ya estoy lista. —No es cierto, te faltan los tacones. Me señala las zapatillas negras de charol con tacones de muerte. —Me voy a caer con eso. —No exageres, son del quince. Ruedo los ojos y me subo a los dichosos tacones que, para mí, son como un par de zancos, la verdad me sorprende que sean tan cómodos. —Ahora siéntate, te voy a dejar más hermosa de lo que eres.  ~~~~~~            ~~~~~~   Me miro al espejo y no reconozco a la chica frente a mí, la melena marrón en suaves ondas cae sobre mis pechos de forma impecable, el maquillaje es perfecto, aun no entiendo de donde salieron ese par de pestañas largas que en mi vida las había visto, o quizás sea que casi no uso mascara. —¡Wow! —Hayley, ¿Te das cuenta que eres hermosa? —Krista, es la primera vez que mis pechos se ven tan grandes. Ella solo pone los ojos en blanco mientras yo me río, noto como toma su bolso. —Vamos, quiero divertirme, se pone bien el ambiente de noche. Asiento y me acerco a la cama, tomo mis pertenencias y camino junto a Krista a la salida del apartamento. —Gracias. —¿Por? —Por esto Krista, en verdad jamás me había visto así. Ella me mira, da una cálida sonrisa y pone una mano en sobre mi hombro. —Espero y así dejes de subestimarte, eres muy bonita, Hayley, solo debes tener cuidado con los patanes. Asiento mientras llegamos al primer piso del edificio, salimos y caminamos hasta el bar de Hank, en la entrada se encuentra el cadenero, un tipo cómo de dos metros, afroamericano y rapado, barba y bigote que lo hacen lucir aún más intimidante. —Bienvenidas a Vudú. Suelta con voz extremadamente ronca, Krista sonríe y me toma por el brazo. —Hola Mike, esta es Hayley, la verás por aquí mañana, será tu compañera de trabajo. El tipo me mira de arriba a abajo y luego a Krista. —Sí, el jefe la mencionó. —Quiero que la cuides de los patanes por mí. —No te preocupes, Krista, ahora pasen —suelta mientras nos abre camino, al entrar veo que el lugar tiene cierto aire diferente de noche a comparación de cuando hice la entrevista; Caminamos hasta la barra, la música suena fuerte mientras algunos bailan, noto a una que otra parejita en los extremos del lugar bolseándose, Krista y yo nos sentamos en los banquillos. —Te dije que se pone bueno. —Ya me di cuenta. —¿Quieren algo de tomar, lindas? Mis ojos se ponen como platos al oír la voz del barman, me giro para mirarlo y sus impactantes ojos azules se clavan en mí con una sonrisa de medio lado, luce su camisa azul marino arremangada hasta los codos y el delantal con el logo del bar encima. —Quiero un cosmos[1] y Hayley… —Hola Lizzy. Suspiro al escucharlo llamarme, mis mejillas se encienden y Krista suelta una risita baja. —Adam, te dije que no me llames así. —Luces bastante bien, Lizzy, me gusta. —¡No me llames Lizzy! —¿No presentas, Hayley? Interviene Krista, la miro. —Este es Adam, Adam ella es Krista —señalo a cada uno, mi loca amiga le estrecha la mano y le sonríe de forma pícara mientras solo puedo poner los ojos en blanco. —Mucho gusto, Adam, en verdad no deberías llamarle Lizzy. —El gusto es mío, me reservo el derecho de llamarle así, se llama Elizabeth, me gusta más que Hayley. —Adam —llamo su atención, pero noto que Krista se levanta de su asiento, se acerca y me toma por el hombro. —Debo ir al baño, quédate aquí. —¡No! —No te pongas como niña berrinchuda. Suelto una pesada respiración y luego un escalofrío me recorre el cuerpo, noto la mano de Adam sobre la mía. —Yo te voy a cuidar. Me sonríe y da un guiño, Krista aprovecha y se va, Traidora, digo en mi mente, es increíble que me deje con él después de tener su sermón de no hablar con desconocidos, vuelvo mi atención de nuevo a Adam y decido hablar con él. —Adam. —¿Sí? —¿Me sirves un November sea breeze[2]? —Claro. Con una increíble habilidad de malabarista, comienza a preparar la bebida en medidas exactas, la botella de cristal transparente de vodka vuela por los aires y la atrapa con una mano, vierte un poco dentro del mezclador y deja la botella en la barra, comienza a batir con una sola mano y luego lo sirve en un vaso alto de cristal. —Un November para Lizzy. —Adam. —Ya sé, no quieres que te llame así. —Me lastimas mucho —suelto en un susurro agachando la mirada, una lágrima cae y de pronto siento que me toma por el mentón. —Perdón, no quise hacerte daño. Por alguna razón comienzo a hacer pucheros, es la primera vez que me derrumbo frente a alguien, Adam se quita el delantal y salta por encima de la barra llegando a mi lado. —Hayley yo... Sin importar nada me abalanzo sobre él y lo abrazo, lloro, lo hago como nunca antes lo he hecho con alguien, una parte de mí, agradece que el maquillaje sea contra el agua, o seguro esto sería toda una catástrofe. —Solo él podía llamarme así y ya no está —sollozo, él acaricia mi cabello, mi piel se eriza al contacto de su mano sobre esa porción desnuda de mi espalda. —Hayley, en verdad lo siento, jamás quise lastimarte, ¿Quién te llamaba así? —Papá. Sus músculos se tensan, quizás no se esperaba esto, la verdad no me molesta que me llame Lizzy, solo me duele el recuerdo. —Prometo llamarte Hayley. —No. —¿No? —Dime Lizzy, por favor, tengo que empezar de nuevo. Se separa de mí y me toma por los hombros, luego me mira con cierta ternura y lleva sus manos a mis mejillas limpiando las lágrimas con sus pulgares. —Te ves muy hermosa como para que llores, Lizzy, ¿Quieres algo de comer? —Aún no, esperaré a Krista. Asiente e inesperadamente me da un beso en la mejilla, me siento arder, sé que estoy sonrojada al máximo y mi pulso se dispara. —Lizzy, ahora solo yo te llamaré así —susurra en mi oído, respiro profundo y su aroma llega a mi nariz, una deliciosa esencia entre hierbabuena, menta y ropa limpia; vuelve a brincar la barra y se pone su delantal. —¿Desde cuándo trabajas aquí? —Dos años. —Yo trabajaré aquí. —¿Enserio? No te veo madera de mesera, eres muy bonita para ello. Me vuelvo a sonrojar, ¿Cómo es que me pone tan nerviosa? Al parecer lo nota y sonríe, soy su diversión. —Empiezo mañana, Hank me entrevistó. —¿Qué turno? —pregunta curioso, aunque ahora frunce el ceño, ¿Se habrá molestado por qué trabajaré aquí? —Vespertino, solo cuatro horas, entro a las cinco, así me doy tiempo para la escuela. Su expresión se suaviza y termina de acomodar unas botellas. —Atenderé a los demás, ya vuelvo, no te muevas de aquí, ya viene tu amiga. Me da otro guiño y mi cuerpo me traiciona de nuevo reaccionando con un sonrojo, miro a un lado y noto a Krista acercarse con una sonrisa pícara. —¡Vaya! Ya te llevas bien con el chico. —Krista. —Te vi muy cerca de Adam. —Solo estaba hablando con él. Sonríe y toma su trago, bebe un poco y veo a un chico rubio detrás de ella, toca su hombro y ella se gira en sus talones quedando justo frente a él. —¿Quieres bailar, nena? Ella asiente y de nuevo me quedo sola en mi lugar. —¿Tú no bailas? Me sobresalto al escuchar repentinamente a Adam, parpadeo un par de veces y lo miro. —No tengo con quien hacerlo. —Estoy yo. —Estás trabajando. —Hank no se molestará. Se quita el delantal y vuelve a saltar sobre la barra, me toma de la mano. —Vamos Lizzy. Me sonríe dando un guiño, me levanto de mi asiento y caminamos juntos hasta la pista, a lo lejos veo a Krista bailando con el tipo rubio, seguro no duerme hoy en casa, ya comenzó a mover su trasero; la mano de Adam va a mi cintura y comienza a bailar conmigo, yo me dejo llevar al ritmo de la música electrónica y las luces estrambóticas, noto su cercanía cuando mi espalda choca contra su pecho y mi trasero con algo más, me sonrojo al instante, giro un poco la cabeza y noto que acerca su rostro a mí. —Bailas bien, Lizzy, pero no debes pegarte tanto, te dije que soy peligroso. Mi piel se eriza haciéndome estremecer, pero le resto importancia, me giro y llevo mis manos hasta su nuca. —A mí no me lo pareces. Suelta una carcajada y ahora ambas manos suyas están en mi cintura. —Lizzy, no me retes. Alguien me empuja desde atrás, Adam me abraza de forma protectora y su fría mano se apoya en mi espalda, hundo mi rostro en su pecho. —¡Fíjate, idiota! —grita molesto, yo no me separo de Adam, esto es una pelea segura y sé que quizás yo pueda detenerlo. —¿Qué, imbécil? tu perra se me atravesó. Me pongo rígida al escuchar cómo me ha llamado, me separo de Adam sin soltarlo, lo miro al rostro y noto como se le tensa la mandíbula, su ceño se frunce. —Adam —susurro, pero él no me escucha. —No vuelvas a llamarle así. —Yo la llamo como quiera, ¿Cuánto cobras, linda? yo te puedo ofrecer más que él —dice el idiota provocándonos, puedo asegurar que Adam soltó un gruñido y muestra sus perlados, perfectos y alineados dientes, ¡Demonios! esos si son colmillos. —Adam, no lo escuches —digo mientras llevo mis manos a su rostro forzándolo a mirarme, él cierra los ojos y luego desvía su mirada hacia mí. —No quiero que te llame así —musita solo para que yo pueda oírlo, escucho las carcajadas del tipo sobre el volumen de la música, pero en este momento mi atención está puesta en el chico sexy frente a mí, acerco mi rostro al suyo dejándome llevar por su mirada hipnótica y pego mis labios a los suyos besándolo, me estremezco, más no me separo de él que curiosamente, me corresponde con un profundo e intenso contacto mientras me abraza por la cintura, mis mejillas arden, se siente bien, en verdad besa bastante bien, rompe el beso dejando un camino por mi mentón hasta mi cuello, suelto un leve gemido y se tensa. —Lizzy. Su voz es más ronca de lo normal, no lo dejo separarse de mí. —Adam, no te vayas. Alza su rostro y me mira a los ojos, me toma de la mano y me saca de la pista de baile, pasamos por un lado del idiota que me ofendió, un maldito gorila de cabello castaño y ojos marrón, llegamos de nuevo a la barra, me toma por los hombros. —No vuelvas a besarme. Mis ojos se abren como platos, suspiro y agacho la mirada, él nuevamente alza mi rostro. —No me mal entiendas, me gustó el beso, de hecho, fue más que eso, Lizzy, pero no soy tu tipo, no soy bueno, no quiero hacerte daño. —No lo haces. —Lizzy. Su mirada refleja dolor, yo acerco temerosa mi mano a su mejilla y lo acaricio. —Adam, no te vayas. —No lo haré, Lizzy. Su expresión se suaviza y sus manos bajan a mi cintura, yo sonrío. —Eres sexy. ¡Demonios! pensé en voz alta, una sonrisa aparece en su rostro iluminándolo. —¡Wow, Lizzy! eres demasiado sincera, eso me gusta, tú también lo eres, hoy luces especialmente hermosa. Nuevamente mi cuerpo reacciona a él con un sonrojo, al parecer ya es mí estado natural cuando él está presente. —¡Ajam! Escucho que se aclaran la garganta ruidosamente, me giro sobre mis talones, pero Adam aún tiene sus manos sobre mi cintura, Krista está frente a nosotros cruzada de brazos con una sonrisa de oreja a oreja, el tipo rubio está a su lado. —Emm, Krista, yo... —Vale más que cuides de ella, Adam, o te patearé el culo. Mis ojos se amplían y sé que Adam le hizo una seña porque ella está asintiendo. —Hayley, él es Drake, Drake, Hayley. Estira su mano y la estrecho en un saludo. —Mucho gusto, Drake. —Igual, Krista, ¿Nos vamos? Arqueo una ceja ante las palabras del tipo. —¿Te vas? —la cuestiono y ella me da una sonrisa pícara. —Volveré pronto, Adam, cuídala por mí. —¡Krista! —Yo la cuido. Ruedo los ojos y me giro hacia Adam que me mira divertido. —Amas ser mi niñera, ¿Cierto? —Eres un bebé fácil de cuidar, pero tienes tarjeta de cliente frecuente para los problemas. —Mejor me iré a casa, tienes que trabajar. —No estoy obligado a hacerlo, es mi día de descanso, Hank me pidió el favor por una hora. —Aun así, voy a casa, me imagino que tienes cosas que hacer, además creo que cocinaré algo para cenar. —Cena conmigo, yo invito. —Adam. —Por favor, o ¿Prefieres cocinar para mí? —Te puedo sorprender. —No me arriesgaré. —¡Adam! —Ese es mi nombre —responde divertido, me siento en el banquillo cruzada de brazos mirándolo con el ceño fruncido. —No te enojes, Lizzy, te compraré una hamburguesa y con papas extra. —Está bien. Se aleja caminando hasta una de las puertas del fondo, muerdo mi labio inferior, ¡Mierda! lo besé y le gustó, creo que voy a salirme de órbita en estos momentos, suspiro, su aroma se impregnó en mí y me agrada. —Hayley. No, no puede ser, me pongo rígida, me levanto y tomo mi bolsa, comienzo a caminar hasta la puerta a la que entró Adam. —Hayley. Vuelve a llamarme, mis lágrimas comienzan a salir mientras acelero el paso, Tom me encontró. —¿Lizzy? Adam sale y yo lo abrazo fuertemente. —Sácame de aquí, por favor. Suplico mientras lloro. —¿Qué pasa? —pregunta desconcertado, yo hundo mi rostro en su pecho y comienzo a temblar, me abraza y los pasos se detienen justo atrás de mí. —Hayley, ven. La voz de Tom se escucha por encima del volumen de la música, niego con la cabeza y mi agarre se hace más fuerte mientras Adam se tensa por la situación, me siento mal por implicarlo en esto, pero por el momento él es mi única esperanza. —No. Sollozo, Adam me separa y se interpone entre Tom y yo, me resulta algo aterrador un enfrentamiento, dudo que él pueda con el mastodonte ex jugador de americano que es Tom; pongo una mano sobre su hombro. —Yo me encargo, Lizzy —dice mientras pone una mano sobre la mía, yo solo asiento, pero temo por su bienestar, Tom nos mira con furia. —Hayley ven. —Ella no irá contigo —responde, Tom da un paso al frente con sus manos formando puños a los costados. —No te metas donde no te llaman muchacho, Hayley viene conmigo, su madre la busca. —Estamos en un país libre, Lizzy es mayor de edad y puede elegir con quien estar. —Hayley, tu madre está preocupada, ¡Maldita sea!, ¿Quieres que siga sufriendo? —pregunta dirigiéndose a mí, abrazo a Adam desde atrás. —No dejes que me lleve con él, por favor, no es lo que aparenta —susurro en su oído, se gira levemente su rostro y asiente, vuelve su atención a Tom. —No irá, ahora sí nos disculpas, tenemos cosas más importantes que atender. Se gira hacia mí y me toma la mano para juntos caminar hacia la puerta por la que salió, pero Tom tira de su hombro y lo hace volverse de frente mientras le avienta un golpe, yo grito asustada, Adam esquiva el golpe y todo el bar comienza a ver la dichosa pelea, los gritos, abucheos y chiflidos llenan el lugar, Tom le avienta un golpe pero Adam lo detiene y en un movimiento tira de él haciéndolo volar por los aires hasta una mesa, mi boca cae abierta, Tom se levanta y se abalanza contra él derribándolo al suelo.  —¡Basta! —vocifero con desesperación, los golpes pasan rápidos por parte de ambos, los ojos de Tom reflejan ira, mientras que Adam pareciera disfrutarlo, hasta podría jurar que sus colmillos se muestran más afilados, quizás se los lima para tenerlos así. —¡Adam cuidado! —advierto horrorizada al ver como Tom le avienta una silla, la esquiva y se acerca soltándole un golpe directo a la mandíbula que lo hace caer contra el suelo, se acerca a mí y toma mi mano. —Te llevaré a cenar —espeta cómo si nada. Asiento, pero antes de caminar levanto mi mano y limpio un poco de sangre de su mejilla, él cierra los ojos disfrutando de mi toque. —¡Cobarde! Escucho y Adam se gira, vemos a Hank deteniendo a Tom que trae una botella en su mano. —Sal de mi bar, imbécil. —Hayley viene conmigo. —¡No! —declaro firme, veo que el cadenero interviene y hala a Tom, pero este forcejea y toma por la camisa a Adam, esta se rompe del hombro derecho y deja ver una gran cicatriz de lo que parece una quemadura, me sorprendo, él se libera del agarre y trata de cubrir su hombro, Hank y Mike toman el control y a jalones sacan a Tom del lugar. —Te llevaré a casa, vamos por atrás.   Asiento y me conduce por el lugar entrando a la puerta de donde había salido anteriormente, es la cocina, vamos al fondo y abre la última puerta, salimos a un callejón, a un lado, la escalera de emergencia del edificio donde vivo con Krista. —Adam, ¿Qué te sucedió en el hombro? —Nada importante —responde fríamente frunciendo el ceño, me detengo aun tomada de su mano evitando que avance. —Adam dime. Acerco mi mano para tocarlo, pero me detiene con su mano libre, me mira severo y sus colmillos se asoman por sus labios. —No lo intentes de nuevo. Me suelta y da un salto para bajar la vieja escalera de emergencia de metal, esta rechina al expandirse. —Ahora vete. —Adam. —Soy peligroso ahora, Lizzy, así que márchate. —Pero… —¡Vete! —grita e instintivamente doy un paso atrás, no logro entender por qué me trata de esa manera, agacho la cabeza y miro mis pies, escucho sus pasos acercándose, yo me adelanto y lo paso de largo caminando hasta las escaleras. —Tom es novio de mi madre, intentó abusar de mí con el consentimiento de ella —suelto en voz baja y camino a toda prisa por las escaleras. —Lizzy—me llama, pero no volteo a mirar, llego a la ventana del apartamento y la abro para entrar, me siento humillada al haber sido prácticamente corrida y solo por preocuparme por él; cierro la ventana y me recargo en esta deslizándome hasta el suelo para después romper a llorar. [1]Cosmopolitan o Cosmos: es un cóctel de vodka con cierto matiz a fruta ácida. [2] November sea breeze: bebida a base de vodka y jugo de arándano. 
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