Se arrastraba en la mesa sacando su lengua; la tensión que había se podía romper con un alfiler cuando cae al suelo... Nadie se atrevió apartar la mirada del animal. —¿En serio le temen a este animalito?— todos me miraron y volvieron su mirada a la escalada. —¿Puedes callarte?— susurro Karim —pero si está hermosa, ¿No lo creen?— —¡QUE TE CALLES!— gritó kailani y el animal concentró su atención hacia ella, no quería intervenir, quería dejar que la estrangule y que la llenara de su veneno... Pero no soy tan mala, utilice una de las tantas maniobras aprendidas y la agarre nuevamente, para luego entregársela a Kasib, quien rápidamente salió con el animal. —¿Qué diablos fue eso Fasaely?— dijo Karim encolerizado, ja, pero que no crea que está más enojado que yo, eso sí que no. —eso debería

