"Disculpa, ¿desde cuándo soy tu amiga?", pregunté. "No lo sé, pero eres mi amiga", respondió. "Pareces un niño", comenté. "Y tú también, acabas de jugar conmigo y compramos un algodón de azúcar", dijo. "Tienes razón, vamos a la hamaca", pregunté y él asintió. Parecíamos dos niños en serio, comiendo un algodón de azúcar, yo sentada en la hamaca con Mariel a mi lado. Nos habíamos olvidado de todas nuestras preocupaciones y ni siquiera habíamos mirado el celular una sola vez. Pero debía hacerlo, había pasado casi 4 horas desde que me fui y Eduardo y Melisa se habían quedado a cargo de los niños. Me sentí culpable. Llamé a Eduardo. "Hola, por fin apareciste", dijo Eduardo. "¿Cómo están los niños?", pregunté. "Bien, aunque no te necesitan", comentó. "¿Disculpa?", pregunté. "Claro, ve a

