—No, ¿qué va..? si me estás abrazando con un solo brazo —dije divertida y dejé de reírme. Al ver el semblante pálido de Eduardo, supe que algo pasaba. —No siento... no siento mi brazo Briana. En cuanto me giré, pude ver el brazo izquierdo extendido, no tenía un solo movimiento. A pesar de que él juraba estar moviendolo. —Lo estoy moviendo, ¿por qué..? ¿por qué no me hace caso? —comenzó a desespe rarse. —Eduardo, mírame. Tienes que respirar —le reclamé. —No puedo Briana, no puedo. Llamé su médico. En cuestión de 15 minutos él llegó. Estaba abrazada a Eduardo, y él estaba muy pálido. —¿Qué ocurre..? —preguntó. —No puede mover el brazo —me acerqué corriendo y le expliqué. —Eduardo, vamos a tomarte la presión. —No, yo sabía que esto pasaría aunque no tan pronto ¿Qué más va a dejar d

