—Y él me hacía sentir una mujer especial. Quizás sean las circunstancias, pero a su lado me sentía protegida. Aunque no lo creas, nunca hicimos nada, solamente nos dimos dos besos, y él prefirió entregarse a la policía antes que verme con un prisionero en ese lugar. —Es muy noble de su parte. —Lo era, y yo lo ayudé a escapar —comentó Briana, soñadora, pensando en el pasado. —¿Y… lo extrañas? —preguntó Eduardo con dolor, pero fingió la perfección. —Sí, aunque sé que no lo volveré a ver nunca más en toda mi vida —comentó Briana mientras se alejaba hacia la cafetería. —¿A dónde vas? —preguntó curioso. —Quiero ir a tomar un café a la cafetería de la esquina —comentó Briana mientras tomaba un saco. —¿Quieres venir, cariño? —preguntó hacia Emma. —Sí, mamá, quiero comer un yogur con cerea

