Sobre un sillón frente a la cama, con los brazos cruzados haciendo resaltar sus músculos al estar en camiseta y una pose nada cómoda está Fernando, dormido, o eso parece. Anastasia se levanta con sumo cuidado de la cama, planea irse aunque es muy temprano y afuera ni siquiera ha salido el sol.
Camina sobre la punta de sus pies cubierta con la sábana, pero al pasar junto a él y verlo así, dormido y con toda la comodidad de verlo aún más detalladamente sin ser juzgada por ello, permanece un par de minutos observando, a ella le parece muy atractivo. Anastacia, gracias a que su madre ha sido la esposa de un Argento ha estado rodeada de lujos, excesos y más, todas las personas que se acercan a ella es por el apellido que ostenta, más no por ella misma, y poder conocer a alguien que no sabe quién es, o quién es su familia, le parecía divertido, era diferente y le gustaba ser ella misma con él. Alguien a quien conocer desde cero.
Conmovida por su bondad, tomó la manta al costado de la cama y lo cubrió con mucha delicadeza y cuidado, lo último que quería era despertarlo, aunque ya era tarde, él había despertado con el solo hecho de que ella saliera de la cama, pero continuó fingiendo dormir para no asustarla, además, quería ver qué es lo que ella haría. Queria saber si se iría, o algo más, apenas la conoce y no sabe si es de confiar o no.
Ahí, cuando él finge dormir, y ella cree que lo está, su curiosidad despertó al ver sus labios, se ven tan perfectos y apetitosos, quería saber como se sentiría, después de todo, si estaba dormido no lo sabría. Se inclinó despacio y con cuidado, con la mirada fija en sus ojos, cuidando que no despierte o de señal alguna de hacerlo, toco con su dedo índice sus labios. Esto le causó un picor insoportable en los labios, pero fue incapaces de moverse, no quería asustarla y mucho menos avergonzarla, ansiaba con todas sus fuerzas que ella se volteara para poder relamer sus labios y calmar el picor, pero entonces sintió los labios cálidos y tan suaves como si fueran de terciopelo sobre los suyos.
Esto no sólo calmó el picor, además de acelerar su corazón, tensó su mandíbula, y ella pudo haberlo notado, pero había cerrado sus ojos ante este acto.
─Huele muy rico... ─musitó con una voz muy suave mientras se aleja. ─duerme bien mi héroe. ─acaricia sus cabellos con delicadeza alejándose de él con una sonrisa.
Está chica, o estaba muy loca, o era la más espontánea chica que ha conocido en toda su vida, sin importar cual de las dos era, él tenía un plan, y únicamente era acercarse a ella para saber sobre la familia y por ende de Ángel, era extraño, él no había pensado en ella desde que está pendiente de Anastasia.
En silencio absoluto, y con una gran sonrisa por la travesura que acaba de hacer, entró al baño y cerró la puerta muy despacio.
Fernando por fin pudo abrir los ojos, aunque lo hizo discreto, ya que no estaba tan seguro de que ella no estaba cerca, pero al hacerlo no había nadie, pero sí podía escuchar el agua correr y a Anastasia quejarse por el dolor en su rostro. Él estaba apenado que ella aún sintiera dolor, después de todo tiene una hermana, y la sola idea de que ella pasara por algo así lo llena de rabia.
Anastasia, mientras estaba en el baño, lo primero que hizo fue ver su reflejo, se avergonzó y odio a sí misma enseguida al verse con el rostro todo amoratado, pero estaba feliz, una parte de ella era feliz de estar en una habitación de hotel con un hombre que no buscaba en ella sexo, ni nada a su favor por ser una Argento, solo estaba allí para cuidar de ella, y eso era algo que ni siquiera su madre había hecho, no dudo un segundo en llamar a la única persona que consideraba amiga para contárselo.
─Hola... ─susurró al teléfono, lo último que quiere es que él, la escuche hablar sobre él. ─tengo mucho que contarte. ─susurró espiando por la puerta no ser escuchada. Afortunadamente para Fernando, cerró los ojos antes de que ella notara que ha despertado.
─¿cuando vuelven? ─cerró la puerta tras confirmar que él sigue dormido. ─De lejos se ve rudo y algo frío, pero de cerca, se ve realmente sexi. ─muerde su labio superior inconscientemente al decirlo, y se avergüenza al verse al espejo. Es claro que él le gusta, en verdad le gusta mucho. ─Que disfruten su viaje, avisame cuando estén de regreso. ─dice y cierra la llamada.
Fernando había escuchado suficiente, si la persona con la que habló era Ángel, es claro que tiene teléfono, y de ser así, ¿por qué no lo llamaba?, pero, ¿y si no era ella?, ¿y si era otra persona con la que ella hablaba?, pero por lo que había escuchado de la conversación, ella hablaba con alguien que recientemente había viajado, y por otro lado, ¿"vuelven", "estén"? hablaba en plural, lo que podía encajar en Ángel y sus hijos, con el canalla que la sacó del país. Todo era confuso, pero por el momento, debía seguir fingiendo dormir.
Al salir ella del baño regresó a la cama, pero ya había arreglado su cabello, lavado su rostro, y acomodó su ropa, quería verse bonita para cuando el despierte y la vea, quería impresionarlo, pero en su intento de esperar a que saliera el sol, volvió a quedarse dormida, y con todo lo que él planeaba le fue imposible dormir.
EN ALGÚN LUGAR...
─¿Adivinas quién llamó? ─pregunta divertida subiendo al auto de la mano de su esposo.
─Ana. ─musitó con gracia.
─¿cómo lo sabes? ─preguntó sorprendida.
─¿Casualidad? ─respondió con otra pregunta, realmente hasta él se sorprendió al acertar.
─Conoció a alguien. ─sonríe feliz por ella. Después de la conversación que tuvieron en la mansión, sabía que algo le pasaba, pero ahora se escuchaba diferente, se escuchaba animaba, y eso le agradaba. De no haber salido huyendo por el padre de Edward, ellas pudieron hablar de lo que sucedía, pero ahora ella llamó feliz y eso es bueno, no ve la hora de verla y poder conversar de lo que la tenia triste, y ¿por qué no?, del hombre que ahora la tiene emocionada.
─No puede ser... pronto te contagiará de su amor al cotilleo. ─bromeó abrazándola.