Tortura

1075 Palabras
─¿Ahora ya hablamos? ─pregunta mirando sin voltear. ─No he dejado de hacerlo. ─dice con su postura aparentemente relajada, con las manos entrelazadas a su espalda. ─pero has visto el árbol por tanto tiempo que pensé que tal vez querías saber algo más sobre ellos. ─dice sin quitar la mirada del árbol. ─pensé que seguías molesto. ─musitó acercándose a él. En cuanto Sandro los ve, llama la atención de su hermana para que los vea también, espera ansioso una muestra de amor entre su madre y Edward para confirmar que se van a quedar. ─No lo estoy. ─negó un poco nervioso por su cercanía. ─solo tengo muchas dudas y... ─Y necesitas respuestas. ─continuó ella. No quería que lo dijera, no quería que ella hablara y le dijera que se irá con sus hijos, y él haría de todo para evitarlo, retrasaría tanto como le sea posible. ─Pero no ahora. ─se volteó a ella. ─¿Te apetece algo? ─preguntó para sorpresa de ella. ─A mi si. ─se alejó rápidamente de ella. ─iré por los niños. ─dio pasos largos alejándose de ella. El resto del recorrido del parque lo hicieron juntos, pero él se mantuvo siempre con los niños entre ellos, y cada vez que ella intenta acercarse a él para hablar a solas, él se aleja en busca de los niños, pero la noche cae y el día ha terminado, los niños han disfrutado cada segundo en Pekín, los árboles de cerezo, la comida y los libros, ha sido un día tan espléndido y agotador al mismo tiempo que los tres cayeron rendidos con tan solo tocar la cama. Por fin podrá hablar con él, y darle esa respuesta que tanto ha pedido, pero que extrañamente se ha esforzado en evitar. ─Bueno, por fin estamos solos. ─se deja caer sobre la cama, al igual que los niños está exhausta. ─Iré a tomar un poco de aire. ─se levanta de un brinco para salir de la habitación, pero ella tomó de su mano. ─no, tú te quedas. ─dijo tirando de su mano, regresando a la cama. ─estoy demasiado cansada como para seguirte por el hotel. ─resopló. ─En ese caso. ─se levanta sin soltar su mano, y la levanta de la cama. ─qué te parece si nos damos una ducha y dejamos para mañana lo que sea que me quieras decir. Es irreal, creí que se había cansado de mi, y ahora evita que le dé una respuesta, al principio creí que me evitaba porque estaba molesto conmigo, pero no ha parado de tomar fotos, ser detallista conmigo siempre y cuando no diga una sola palabra, pero luego estamos solos y no quiere que hablemos, ¿qué le pasa?. Pero si lo que quiere es ducharse conmigo y no hablar, supongo que puedo darle una respuesta sin hablar. ─Tienes razón. ─asiente acercándose a él. ─una ducha caliente. ─desabotona su camisa lentamente. ─una cama suavecita... ─pasa su mano suavemente por su pecho. ─La idea de la cama me gusta. ─carraspeó nervioso, ella lo pone nervioso muy rápido cuando se lo propone. ─pero yo puedo quitarme la ropa. ─toma su mano sintiendo que quiere arrancarle la ropa con los dientes, pero no debe, no mientras no tenga una respuesta y ahora tampoco quiere la respuesta. ─A mi me gusta hacerlo. ─susurró quitando el cinturón. ─Esto es tortura. ─balbuceó acariciando su cabello. ─¿Lo crees? ─levantó su mirada a él, con esa expresión de inocencia tan única de ella. No importa cuánto él se esfuerce, no pudo evitar sonreír al sentir ese cosquilleo en su entrepierna. Niega con la cabeza mientras ella toma su mano y lo guía a la ducha en silencio. Hay mucho en su mente, ¿es ésta una especie de despedida para ellos dos?, ¿es así como espera que él la deje ir?, ¿por qué tiene prisa por hablar con él? La ve mientras ella se quita la ropa frente a él, no puede creer que de ser esta la ultima vez que están juntos, no volverá a ver ese cuerpo, esa sonrisa, ese cabello y eso le tortura. ─Ángel, lamento como te hablé... Ahora es ella quien no quiere escuchar ninguna explicación. Cuando él la ve, la manera en la que él lo hace cuando se desnuda, basta para sentir que lo quiere dentro de ella, quiere sentir sus enormes y suaves manos recorriendo su cuerpo, sus suaves y húmedos labios invadiendo todo en ella, sentir su calor y su respiración. Se acerca a él con usa sonrisa, sus manos tocan su pecho y la piel se eriza revelando una sonrisa nerviosa, pero ansioso de comerse el mundo. Ella era para él como el fuego, y disfruta arder en él, el calor emana de su cuerpo, y es como si estuviera a punto de estallar, decir algo, hablar de lo que primero que se le viene a la mente es un intento de calmarse a sí mismo, pero ella lo besa callando sus palabras, desbordado sus más bajos instintos y deseos. La toma por la cintura y la atrae a él, con su cuerpo cálido, con su piel sintiendo la suya, y derrochando sensualidad con su sola presencia, él olvidó incluso que era real. ─¿qué me has hecho? ─gruñó con un toque sensual, como solo una voz gruesa y tosca como la suya podía causar. Sintiendo que era cada una de sus caricias arden como el mismo infierno, se aferró a él y más con cada gemido. Una parte perversa de ella salió a flote, ella disfruta de sus gemidos, de cómo presiona su cuerpo contra el de ella, y sobre todo, amaba que aún dentro de todo ese fuego ardiente, él podía ser dulce y tierno al acariciar su rostro, y besar sus labios. ─Quiero más de todo esto, quiero tenerte así, siempre. ─susurra mientras él la sostiene débil y cansada aún de pie en la ducha. ─Quédate. ─dijo sin pensar, pero ese tema había estado pendiente, que solo salió. ─¿Hasta que la muerte nos separe? ─preguntó recobrando la fuerza en sus piernas, no pudo evitar reír como siempre. ─Si existe algo más allá. ─arregló un mechón de cabello tras su oreja, ella sonríe al verlo, y nada lo hace más feliz que verla sonreír. Su pecho se infló de orgullo, ella sonríe, debe ser una buena señal. ─incluso después de la muerte, ahí te amaré. ─susurró en sus labios, dejando un suave y húmedo beso.
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