Cena de negocios

1058 Palabras
─¿de qué hablas? ─bajó la mirada a ella, quien ni siquiera lo ve, mantiene su mirada evasiva en la puerta, ruega que en este momento llegue alguien y los interrumpa. ─no puedes hacer eso otra vez. ─levanta suavemente su mentón, obligándola a darle la cara. ─Salí huyendo de el único lugar que he conocido toda mi vida por miedo a ir a prisión, pero no sé si mis hijos quieren quedarse, o si han considerado quedarse aquí, y tendría que hablar con Kahl sobre los niños, y... ─Quédate conmigo, por favor no te vayas de nuevo. No importa si tienes que usar el avión como tu taxi y viajar todo el tiempo, solo quédate aquí conmigo, como mi esposa. ─susurró más como una súplica.. Han pasado tantas cosas que no lo había pensado, no lo consideré en serio si quiera, pero ahora él me pide quedarme, y mis decisiones jamás podrán afectar a mis hijos, no importa lo mucho que ame a Edward. ─No hagas eso, solo dilo, déjalo salir, dime, ¿qué es lo que estás pensando? ─insiste preocupado al verla ensimismada como de costumbre. ─No lo había pensado. ─musitó evasiva. ─esto de quedarme, aquí. Cuando vinimos todo esto fue un caos, no sabía siquiera que sí lograría salir, pero al estar aquí no sé si mis hijos quieran quedarse, o si Kahl los dejará conmigo. ─¿Quieres que lo hablemos del tema ahora?, ¿o cuando creés que sea adecuado? ─pregunta viéndose muy comprensivo. ─justo ahora no, así me dará tiempo de hablar con los niños y saber que es lo que piensan, mi decisions será un noventa por cierto influenciados por ellos. ─En ese caso... ─la acomoda casi a su altura, aún después de sentarse sobre la cama. ─¿Quieres acompañarme a un baile? ─pregunta cambiando el tema por completo. ─¿qué? ─sonríe confundida por lo que ha dicho. ─Nunca me has preguntado en que trabajo, ¿cómo es que no te da curiosidad? ─pregunta un poco curioso. ─No lo sé, solo suponía que al tener mucho dinero no necesitabas ir a trabajar, o que era tu padre, o en tu caso tu abuelo el del dinero y tu solo lo heredaste. ─se encoge de hombros. Hace una mueca algo graciosa, se puede ver que realmente le ha divertido lo que he dicho. ─Ojalá fuese así de fácil. ─sonríe acomodando el cabello de ella con delicadeza y ternura despejando por completo su rostro. ─pero en realidad, no. ─La observa detalladamente. ─Ciertamente mi madre obtuvo una gran cantidad de dinero al casarse con mi padre, y ella hizo de ese dinero una gran fortuna con las conexiones necesarias para que nosotros la heredamos, pero además de eso, al cumplir dieciséis años el abuelo nos da una tres millones de dólares, es como regalo de cumpleaños, pero este regalo debe ser multiplicado en dos años, de lo contrario serán eliminados de la línea de herencia del abuelo. Al cumplir los dieciocho, el nieto con más ganancias en sus propios negocios maneja los negocios del abuelo, tomando todas las utilidades como suyas hasta los veintiuno, a partir de ahí, todos los cumpleaños el abuelo da un regalo que es el doble de ganancias de ese año de la empresa, y así... ─¿Todo en tu familia se trata de dinero? ─pregunta un poco envidiosa de sus regalos de cumpleaños. Sobre todo porque en unas semanas será el suyo. ─Mi madre hizo un acuerdo con el abuelo antes de nuestro nacimiento, y por esa razón yo he cumplido con todas las pautas del abuelo para recibir el dinero, y soy quien maneja sus empresas, o lo hacía, pero cuando pasó el accidente Charles se encargó de todo. Mi abuelo no tenía cabeza para nada y toda la fortuna de mi abuelo estuvo apunto de irse a la ruina, así que él se encargó de todo, y cuando debía volver, no supe cómo volver, no quería... Charles se ha encargado de todo, de lo mío, de lo de mi abuelo que me correspondía, y de lo suyo mismo, pero está agotado. ─suspiró. ─además, hay socios e inversionista que piden que dé la cara, después de todo, ya han dependido mucho timepo de Charles, y han pedido ver a un Argento al frente. ─Y la cena... ─Hay una cena anual en la fundación de mi madre, es más una gran recepción en la que muchos se divierten menos yo. ─musitó ─¿y quieres que te acompañe? ─insiste frunciendo el ceño sin poder creerlo aún. ─¿estás seguro? ─pregunta nuevamente solo para asegurarse de que no se ha equivocado. ─Solo si deseas hacerlo, aunque si sirve de algo. ─acaricia su mejilla con suavidad. ─no quiero ir si no es contigo. ─añade. ─¿Lo puedo pensar? ─pregunta. ─Piensa en un si... ─susurra al abrazarla. ─¿Entonces ya está decidido? ─pregunta de manera graciosa. ─Si me dejas decidir por tí, debo decir que yo aceptaría, digo, ¡solo piensalo! ─susurra a su oído. ─soy muy bueno en muchas cosas, y podría volver a enamorarte con mi buenos pasos de baile... ─musitó. ─Convénceme. ─susurra saliendo de la cama. ─Será un verdadero placer... ─la sigue a la ducha. Después de varias horas en la ducha salen más acaramelados que nunca. Él no puede dejar de verla y ella se ve rozagante y feliz. ─¿crees que los niños se pregunten dónde estamos? ─mira fuera, ha empezado a oscurecer. ─Creo que ni siquiera ellos han notado que es hora de comer. ─suspiró abrazada a él. ─¿estamos bien? ─pregunta volteando a ella. ─Lo estamos... ─sonríe besando sus cálidos labios. ─En ese caso... ─toma su mano. ─usted y yo, debemos darnos prisa e ir con los niños, ya es hora de comer. ─se la lleva con él al armario. Caminando juntos por el pasillo, pasan por la biblioteca y ven a los tres niños sentados en diferentes rincones a los que estaban antes. ─Señor, señora. ─se reincorporan firmes las escoltas. ─los niños han pedido pizza para comer, y ya han terminado. ─dice el escolta de Sandro. ─Apenas y se han despegados de los libros. ─dice con mucha familiaridad la escolta de Jota. ─Eso es bueno... ─susurra Ángel haciendo un mohín. ─que pongan la mesa en la terraza. ─dice Edward llevándose con él a Ángel al techo.
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