La sala era amplia, decorada con un gusto sobrio, masculino. En el centro, Dominic Cross –o Dom, como sólo Selene podía llamarlo– hablaba en voz baja con Leandro, su hombre de confianza. — El chofer está listo. — Informó Leandro, entregándole un sobre. — Discreto, profesional, tiene experiencia previa trabajando con familias importantes. — Bien. — Asintió Dominic, hojeando los papeles sin mucho interés. — Y también conseguí la asistente. Mujer. — Sonrió apenas, sabiendo que esa condición había sido muy clara. — Buen currículum, joven, de buena presencia. No representa una amenaza... para la paz mental del jefe. — Dominic gruñó, divertido. — Perfecto. No quiero ni un cabrón mirándola todo el día. Queda claro. — Mientras Leandro hablaba, un movimiento en la escalera llamó su atención.

