Capítulo Veinticinco.

1326 Palabras

Selene salió de la oficina con el rostro desencajado. Caminaba sin ver, sin sentir el suelo bajo sus pies, solo con ese temblor constante en las manos. La mansión le resultaba un laberinto desconocido, hostil. — ¿Dónde está mi amiga? — Le preguntó a una de las mujeres de servicio con la voz baja, apenas contenida. La señorita asintió con seriedad y la guió por un largo pasillo hasta una puerta cerrada. — Está ahí. — Selene no agradeció, solo empujó la puerta con urgencia. Dentro, Marcela estaba sentada en una poltrona, tensa, pero en cuanto la vio, se puso de pie. — ¿Estás bien? — Susurró, acercándose rápido. Selene no respondió. La abrazó. Fuerte. Como si al hacerlo pudiera evitar romperse. Se dejaron caer juntas en un pequeño sofá, una al lado de la otra, con las manos entrelazadas.

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