El desayuno había terminado. Fue breve, pero no por falta de apetito, sino por exceso de certezas. Bruno Cross -Padre- no necesitaba usar palabras rimbombantes para hacerse entender; sabía cuándo hablar y cuándo dejar que el silencio sembrara ideas. Y Dominic, aunque no lo admitiera en voz alta, valoraba eso. Ya en su auto, mientras el chofer lo llevaba de vuelta a la oficina, Dominic iba con la mirada fija en el ventanal, sin ver realmente el exterior. Estaba pensando en Selene. “Una mirada puede decirlo todo, hijo. Y en ese video, ella no miraba a cualquiera…” La frase de su padre aún lo acompañaba como una nota sostenida en la mente. No era un comentario superficial. Bruno no hablaba por hablar. Y si él ya había detectado algo interesante en esa mujer... entonces no podía ignorarlo.

