Capítulo Treinta y Uno.

1089 Palabras

Dominic la respetaba, aunque jamás se lo diría con palabras suaves. Lo hacía en la forma en que no la detenía cuando alzaba la voz, en la manera en que escuchaba sus argumentos con los dientes apretados, como si luchar con ella lo mantuviera vivo. Pero respetarla no significaba doblegarse. Él no era un hombre que se sometía. No era ese tipo de amante, ni ese tipo de socio. Dentro de la habitación podía permitirle el control, darle la ilusión del poder si eso la encendía, pero una vez cruzaban la puerta, las reglas del juego eran distintas. Dominic Cross era un alfa hecho y derecho, y el respeto que le tenía no lo obligaba a dejar de ser quien era. No tenía intención de obligarla a nada. Pero tampoco iba a permitir que lo pusieran de rodillas fuera del deseo. Si ella iba a caminar a su lado

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