-¿Por qué una sorpresa? ¿Qué hice o qué? —fruncí mi ceño al detenernos. —chicos no es que desconfié de ustedes, pero a veces me dan miedo. —murmuré tratando de no sonreír. -No hiciste nada, enana. —dijo Diablo y quitó su mano de mi espalda. —ya puedes mirar. —cuando Tato quitó sus manos abrí mis ojos mirando el auto frente a mí. —es para ti, queríamos darte algo de lo mucho que nos has dado. -¿Para mí? Pero…es que es… ¡Jod*r ¡me encanta! —corrí al auto acariciando el cofre y al abrirlo solté un pequeño grito emocionada. —chicos…esto es demasiado, no creo que debería aceptar, de seguro les costó demasiado. -Lo reconstruimos durante todo este tiempo para distraernos, lo hicimos pensando en ti y bueno ahora que estás aquí podemos dártelo, tardamos en darte la sorpresa porque le agregamos

