-Ann…dame a Mateo, estás pálida, ¿te encuentras bien? —escuchaba la voz de Carmen a lo lejos, pero ella estaba a mi lado y cargué a Mateo. —creo que lo mejor será ir a casa. -Sí…siento arruinar el día. —murmuré limpiando mis mejillas saliendo del lugar, Carmen se subió conmigo en el auto mientras los chicos se iban en el otro. Ella condujo hasta llegar a la casa y yo llevaba a Mateo en brazos. Cuando llegamos Carmen se quedó con los chicos y Mateo en la sala mientras yo subí a la habitación encerrándome en ella. Me acosté en la cama boca abajo hundiendo mi rostro en ella, un dolor en mi pecho se hizo presenté y mis lágrimas comenzaron a salir sin poder detenerlas, mi llanto comenzó a ser más fuerte, abracé la almohada aferrándome a ella al sentir que acariciaron mi espalda. -Enana…trat

