— Señor Vlad por favor, mi único pecado es amarte — Dijo Marina Robles, a alta voz .
Tan pronto ella dijera eso, Bart apretó el puño. Sabía que ella le gustaba, pero pensó solo le era grato su compañía, no obstante, acababa de sentir que le martillaba a su corazón al ver que ella estaba loca por otro.
Marina no era cualquier pelada, ella era la hija de un renombrado capo mexicano, ella no temía ni por su propia vida. Siendo una persona caprichosa y que desde siempre había logrado todo cuanto anhelaba, no estaba acostumbrada a perder.
Desde luego, este sentimiento de Marina no se catalogaba como un amor bueno, puesto que si o si, Marina estaba intentando conseguir a Vladimir, porque para ella Vladimir era otro objetivo mas que lograr.
Aunque tarde o temprano terminaría descubriendo que no todas las cosas acaban igual, esta vez había puesto los ojos en un hombre que no quería nada de ella, aunque bien se dice que la esperanza es lo ultimo que muere, la mujer no perdió su tiempo justo ahora, ella se tiró a los pies de Vladimir y le abrazó de su extremidad inferior, su rostro estaba a la altura de sus partes nobles. Lo que hiciera enloquecerse más el estado de ánimo de Marina.
Ella llevaba en contra la actitud peculiar de este ejecutor de los vicios y la perdición humana, pues no era un aventado a las cogederas.
Le gustaba disfrutar de su tiempo a solas y de mantenerse alejado del lío de faldas, todo por culpa del mal amor que sufriera en su juventud.
Marina puso una cara lastimera y poco a poco se acercó al rostro del hombre, su acción era para amedrentar su mal genio, ella posó sus manos sobre su pecho fuerte y sintió el palpitar de su corazón, pero este no tenía ninguna arritmia ante su cercanía , ella no le producía nada.
El hombre seguía en su estado habitual, y también eso quería decir que no era fácil de caer bajo sus encantos, así como tampoco podía seducirlo.
Viendo que no lograba nada al acariciar por encima de la camisa sobre el cofre fuerte del hombre, ella hizo un puchero.
Normalmente eso se veía lindo si el hombre veía con amor o con deseo a su chica, nada de eso era esta situación. Sin poder lograr su objetivo, se lanzó a lo último, ser descarada abiertamente.
— Ay morre, estoy mojadita abajo de tan sexi que te ves — las palabras juguetonas de la mujer no causaron el efecto que ella esperaba, pues ni a un primer strike del juego de seducción bateó. Era un fouls tras otro hasta quedar en ponche.
Más a pesar de todo lo que ocurría, Marina no se dió por vencida. Ella en un manoteo, desligó el botón de la bragueta del pantalón de Vladimir y metió mano a sus partes nobles, ella dijo con un semblante perdido.
— Deja que te consienta — todo lo dijo sin pena ni apuros de la presencia de otros allí, la mente tanto de Bart como del segundo acompañante desencajó casi a punto de caerse en el suelo, pero Marina no estaba para asombrar a ellos, lo único que ella quería era quedar en brazos de este hermoso hombre.
— ¿ Qué ?
— ¡Marina, que te está pasando! — gruñó Bart, pero Vladimir alzó la voz para decirle lo siguiente a su amigo.
— Bart, será mejor si buscas en otro lado, esta mujer no te dará lo que tú quieres de ella — sus palabras tan solo era un consejo.
Vladimir se había dado cuenta con qué ojos Bart miraba a Marina, pero con lo que acababa de decir Vladimir a Bart, Marina entendió que él la quería para él, algo que no era cierto.
—No te confundas mujer, solo estoy aconsejando a Bart, no me gustas para mujer —dijo el hombre para mantener claro las cosas.
—¡Oye mi amor, conózcame un poco, y verás que te haré volverte loco de placer!
— ¡No me interesas te dije! — hizo eco de sus palabras, lo que hiciera sentirse humillada, Marina era rencorosa, eso lo sabía más de un desafortunado de su pasado.
Ella al fin respiró hondo, era como aceptar que no la querían, pero no al buen sentido. Estaba removiendo todos sus intestinos por dentro.
Marina no dejaría ir fácilmente al señor gánster apodado el lobo solitario, ella pensaba que podía ser feliz con el señor Savackosk, y creía fervientemente que si lograba su atención, podía llegar muy lejos a su lado, ni siquiera le importaba si la forma de llegar lejos era por encima de los propios sentimientos de él.
—Bart, ¿te interesa esta mujer? —Bart parpadeó rápido al oír que le preguntaban, al oír que le preguntara a Bart acerca de ella, Marina se molestó.
— Bart si no acabo con esta mujer es por ti —reiteró Vladimir sus palabras.
— ¿Que pasa si me gusta ella? — Preguntó Bart.
— Hace rato la hubiera mandado a mat4r —dijo Vladimir posando sus azules ojos en Marina, ante sus palabras, ella se congeló por un momento, pero la rabia lo consumía por dentro.
— No, no me interesa como mujer —dijo Bart de forma sorpresiva, ante este alegato, Marina lo miró perpleja. Aunque rápido se recompusiera, ella preguntó.
— ¿ No - no soy bonita ?
—Si, eres muy bonita, eres preciosa, pero tu corazón está en otra parte —dijo Bart con seriedad.
— Está bien —respondió ella. Tú tampoco me gustas para ser mi hombre.
Las palabras de Marina calaron en el alma de Bart quién solo dio la media vuelta.
— Entonces, ya que mi amigo no está interesado en esta mujer, puedo cobrarme lo que ella intentara hacer con la chica que me gusta.
—¡Qué! —gritó Marina. Se había quedado boquiabierta al oír que a Vladimir le gustaba alguien más, enseguida perdió la calma y comenzó a gritar como loca.
— ¡No vas a vivir feliz con nadie! Yo jamás te lo permitiré.
—Anda, ponme delante de mí a esa vieja incipiente, la voy a convertir en picadillo y se lo daré a mis perros.
—¡ Esa perra no es mejor que yo en ninguna forma posible !
— Ya me tuviste, así que sabes de lo que hablo, no te arrepientas de hacerme a un lado. Soy tuya en cuerpo y alma.
Así Marina pasó sin parar de hablar, cada segundo decía una barbarie, ella no podía ni imaginar a Vladimir con otra mujer, no sabía que Bart sufría oyéndola decir todo lo que decía.
—¡Córtale su lengua! — finalmente Vladimir dio la orden.
— ¿Qué? ¡No, no puedes hacer eso conmigo ! Si me tocas se meterán en problemas con mi padre —Marina no había mencionado a su padre y esta era la primera vez.
Lo hizo porque tenía miedo que de verdad le cortaran la lengua, ella incluso lloró amargamente.
Viendo todo esto, Bart replicó desde la puerta.
—Déjala, yo me responsabilizaré a partir de ahora de lo que ella haga. —al ver que Bart asumía, Vladimir dijo:
—Bart, espero que le pongas límites a esa mujer, porque sino, sus días estarán contados.