Capítulo 4

1960 Palabras
Miraba el techo mientras que The Reason de Hoobastank se reproducía en mí computadora a todo volumen. Eran aproximadamente las siete de la noche, hace dos horas mamá y papá habían vuelto del trabajo, al igual que mí hermano. La cena aún no estaba lista y yo estaba que me moría de hambre. Faltaban tres horas para la fiesta y yo no tenía ni la menor idea de lo que me iba a poner. Me levanté de la cama y me detuve frente al ropero, lo abrí completamente y mis ojos comenzaron a escanear cada una de las prendas que colgaban. Lo primero que saque fue un vestido n***o con mangas que tenía una estrella de cinco puntas en el escote, era lindo pero no me favorecía al momento en salir por la ventana, dejé la prenda en donde estaba y seguí buscando. Diez minutos después ya tenía tres opciones: una manga larga roja con una falda, pero era el mismo caso que con el vestido, no me favorecía. El segundo era un pantalón gris con una blusa de cuero, era lindo sí. Y por último un pantalón de cuero con una polera negra que tenía un dibujo grande de una boca sacando la lengua y una chaqueta. Miré a las prendas finalistas, lo dude por un par de segundos y me decidí por el último conjunto. Guarde el resto de la ropa  y me volví a lanzar en la cama, estaba a punto de enviarle un mensaje a Sophie cuando el grito de mí madre se hizo presente. — ¡Olivia, baja y pon la mesa!. Suspiré pesadamente, no quería bajar, no quiero poner la mesa y tampoco quiero estudiar, pero hay cosas que no se pueden evitar, al menos que ... — ¡John! — Solo pasaron dos segundos y unas fuertes pisadas se hicieron presentes por el pasillo. Mí puerta fue abierta dejando ver a mí hermano. — Ya escuchaste lo que dijo mamá, ahora ve y hazlo — Volví mí atención a mí teléfono. — No. Ella te dijo a ti. Ignoré las palabras de mí hermano y terminé de escribir el mensaje y lo mandé. — Lo dije una vez y no lo volveré a repetir — Lo miré fijamente mientras lo dije. —¡Olivia! —¡Yo lo haré, mamá! — Grito John, me dedico una mirada furiosa y luego se fue. Comí en completo silencio, en realidad ninguno había dicho una sola palabra o intentado establecer una conversación,solo se escuchaba el ruido de los cubiertos,lo que me parecía completamente raro debido a lo que le dije en la mañana a mamá. Terminé de comer, me levanté de la silla y justo cuando iba a tomar mí plato para llevarlo al fregadero, mamá carraspeo la garganta, mí mirada se clavó en su ahora molesto rostro, claro, lo había, nadie se levanta de la mesa hasta que absolutamente todos hayan terminado de comer. Me volví a sentar de malas ganas y sin importar que me regañe, apoye los codos en la mesa y repose mí cabeza sobre mis manos. Odiaba que mamá se comportará como una de esas señoras de la alta sociedad, quién insistía en que todo debía estar impecable, que no debía existir una sola arruga en la ropa, que las mujeres usan vestidos y no pantalones rasgados con poleras anchas, y que tampoco se ve bien que una dama juegue algún deporte que no esté autorizado por la alta sociedad. Lo último realmente no me importa, en realidad soy un asco en los deportes. Pasaron aproximadamente otros diez minutos que fueron los más largos, aburridos y agotadores de mí vida. John por fin terminó de comer, miré la hora en mí reloj de muñeca, eran las 21:01 PM. ¡Mierda es tarde!. Me levanté de la mesa lo más rápido y prácticamente lancé el traste sobre el lavaplatos. Ignoré los quejidos de mamá sobre que parecía una loca y que no debería correr por la casa, y subí las escaleras de dos en dos. Cerré mí puerta con llave y empecé a quitar mí ropa tirándola a todos lados, después tendría que acomodar un poco, pero hoy no, ya es muy tarde. Tengo una hora para alistarme, ¡Una hora!. Lo peor de esta situación es que soy de esas personas que se distraen prácticamente con todo, es decir; me pongo el pantalón y me quedo mirando como cinco minutos la nada. Entre al baño y abrí la regadera, el agua salió con potencia, me metí debajo quedando completamente mojada, y me dí la ducha más rápida que me he podido dar en mis diecisiete años de vida. Seque mí cabello con la toalla lo más que pude y luego arroje está a un lado de la cama, camine hasta mí peinador, tomé mí cepillo y empecé a desenredar mí cabello lo más rápido que podía sin importar que me arrancará unos cuantos mechones en la acción. Una vez terminé volvió el objeto a su lugar y me hizo un repaso para saber que me faltaba. Estaba casi lista a excepción de que estaba en ropa interior. Mí teléfono sonó y enseguida vi el mensaje de Sophie. Estoy afuera. Solo eso basto para que me cambiara lo más rápido posible, pantalón, polera y chamarra, estaba a punto de salir por el balcón cuando recordé que no me había puesto zapatos. Corrí hacía mí ropero y saqué un par de medias junto a unas botas negras y me las puse lo más rápido. Guarde mí teléfono en la chaqueta y salí al balcón. Había hecho tantas veces, empecé desde los quince años a escaparme, y por esa simple razón había conseguido una escalera de cuerdas, no estaba tan loca como para saltar desde el segundo piso.  Lancé la escalera y esperé a que se desenrollara por completo, jalé de la escalera verificando que estuviera bien amarrada a la reja metálica. Pasé una pierna y luego la otra, me subí a la escalera y baje lo más rápido que pude sin importar cuanto se moviera. Una vez abajo corrí sin hacer el más mínimo ruido. El auto de Sophie se encontraba estacionado a una casa antes que la mía para no levantar sospechas, corrí hacía y me subí. Al verme me recibió con una cálida sonrisa, la escaneé con la mirada y sonreí al ver cómo estaba vestida. Traía puesto un vestido rosa de lentejuelas con falda campana y escote corazón, tacones de agujas n***o y su largo pelo estaba sujeto en una bien peinada coleta alta. Se veía tan adorable. — Lamento la tardanza. — No importa. ¿Tienes la dirección? — Asiento y la busco en mí teléfono, pongo el GPS y nos ponemos en marcha siguiendo cada una de las instrucciones de cómo llegar. Veinte minutos después nos encontramos afuera de un balneario, la música no es muy fuerte, varios jóvenes se encuentran entrando, y se escuchan las risas. Estoy a punto de entrar cuando la mano de Sophie me detiene. — No creo que se buena idea — Veo el temor en sus ojos. — Tranquila, estás conmigo y como ves no es una gran fiesta. ¿Qué puede pasar?. Tres horas, cuatro cervezas, dos vasos de vodka, uno de tequila después... Mis dedos se enredaron en su cabello mientras que sus manos se posaban con inseguridad en mí cintura para luego pasar a mí cadera y seguir moviéndose con inseguridad sin saber que hacer. Mis labios devoraban los suyos de manera desesperada y él me respondía con torpeza. — Eres linda — Dijo cuando se separó. — Cállate — Gruñi, y volví a acercarlo a mí para seguir besándolo. Abandoné sus labios y comencé a besar su cuello, mientras que sus manos seguían en un recorrido torpe por mí cuerpo. — Creo que te amo — Esas simples palabras me pusieron un estatequieto. Me separé de él y lo miré con el ceño fruncido. Su cabello estaba completamente revuelto, sus lentes ligeramente inclinados hacía un lado y sus labios completamente hinchados. Lo miré con cara de "¿Khé v***a?", ¿Quién  mierda le dice eso a una chica que acaba de conocer en una fiesta y tratan de tener sexo en un baño?. — Has perdido tu oportunidad de dejar de ser virgen — Me separé de él y salí del pequeño compartimiento. Caminé lo más lejos del chico teamo, y empecé a buscar a Sophie, pero no había rastro de ellas por ningún lado. Saqué mí teléfono y comencé a marcar su número, sonaba, sonaba pero no contestaba. Tal vez ya se fue. Empecé a caminar entre medio de los cuerpos que se movían de un lado hacía otro empujando a unos cuantos para lograr llegar a la salida. Una vez afuera pude respirar tranquilamente, si quería saber si ya se había ido solo tenía una opción. Me dirigí al lugar donde habíamos dejado el auto pero no había, Sophie me había dejado. Un brazo se envolvió en mí cintura y sentí el aliento de alguien chocar contra mí oreja. — Por lo visto te han abandonado — Susurro sonando sexy. Me deshice de su agarré y me giré para verlo fijamente. — No me jodas, Adam— Sus ojos celestes le observaban con burla. — No te jodo, te deseó — Acarició mí mejilla. — Si quieres puedo llevarte— Acomoda un mechón detrás de mí oreja y luego lleva su mano dentro del bolsillo de su pantalón. Me puse a mirar alrededor, no había ni rastros de un solo taxi y aunque no quisiera él era mí única opción en estos momentos. — Gracias — Dije una vez que había bajado del auto. — Ahora vete. — Me quedaré a ver qué nada te suceda — Sonrió. Ignoré su comentario y  comencé a caminar rumbo a mí casa, cuando estuve parada justo afuera de mí ventana entre en pánico. La escalera no está. ¿La escalera no está?. ¡La escalera no está!. ¡Mierda! ¿Cómo es esto posible?. Es una completa locura... Solo puede haber sido John, ¡Maldito Teletubbie!, Seguro vio mí ropa sobre la cama y se dio cuenta de mis intenciones.  ¿Qué se supone qué haga?. Adam sigue afuera, estúpida. Giré hacía la derecha y en definitiva seguía ahí observándome, le hice una seña para que se acercará y así lo hizo. — Tú escalera no está — Dijo una vez que llegó a mí lado. — Buena observación, Sherlock — Hablé con sarcasmo. — Me ayudarás a subir. Asiente,luego entrelaza sus manos y se agacha un poco, apoyo una mano sobre su hombro y luego pongo mí pie sobre su mano y me empuja, me sujeto sobre la reja metálica. Aún me falta un poco para lograr subir, estoy a punto de decirle que me de un último empujón cuando siento sus manos posarse sobre mí trasero. Me cuerpo se pone rígido y me aguanto las ganas de darle una patada en la cara, porque sé si lo hago me soltará y me quedaré colgada. — ¿Qué haces? — Solo te estoy ayudando — Responde como si fuera algo normal. — O quitas tus manos de ahí o las pierdes — Lo escucho resoplar y enseguida baja sus manos hasta la altura de mis rodillas y me da un último empujón. Logré subir, y me paso lo más rápido que puedo, me acercó a la orilla para despedirme de él. — Gracias y adiós. — Te quiero, Liv — Habla con dulzura y yo solo me río, sin duda es un buen actor. — Ve y dile eso a alguien que te lo crea, porque yo no te creo ni tú nombre, estúpido .
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