A lo lejos escuchó el sonido del pulsómetro, cada vez se escucha más cerca y comienza a ser molesto. Con mucha dificultad abro los ojos lentamente, parpadeó varias veces hasta que logró enfocar todo con claridad. Lo primero que veo es una mujer anciana vestida de blanco, me remuevo incómoda al ver su cercanía. Está al notar que estoy despierta me sonríe con dulzura. — ¿Cómo te sientes, cariño? — Sonríe, haciendo que las arrugas en su rostro, resalten. La miró confundida y comienzo a inspeccionar el lugar, las paredes son blancas, hay dos puertas y a mi lado una mesa metálica con un pulsómetro junto a un tanque de oxígeno. Con la poca fuerza que tengo, levantó mi mano y me quito la mascarilla de respiración artificial, para poder hablar. — ¿Qué me sucedió? — Mi voz sale áspera y ronca.

