CAPÍTULO 2

1736 Palabras
La cena, el primer baile, el corte del pastel, todo transcurre sin problemas y luego le pago al camarero los cien dólares extra antes de quitarme el auricular. Aún no está todo listo, pero voy a disfrutar de la última parte de la recepción, la parte solo para familiares y amigos cercanos, sin tener que preocuparme por si alguien necesita algo en la cocina o la limpieza del lugar. Lo revisaré cuando terminemos. —Todo fue increíble—, dice Kamila, uniendo su brazo con el mío mientras comenzamos a caminar en dirección opuesta a la de todas las personas que salían del salón de recepción. Para ellos, la recepción ha terminado y pueden retirarse a sus habitaciones de hotel. Pero los novios, Shawn, Kamila, Jackson, Jeremiah y Ezekiel, nos dirigimos a las puertas dobles al otro extremo del pasillo que dan directamente a la playa. —Gracias —le sonrío—. Ya sabes lo preocupada que estaba. —Y todo por nada.— Choca su hombro con el mío. —Oh, hubo bastantes contratiempos—, me río. —Pero como no lo sabías, hiciste bien tu trabajo.— —¿Sabes que estás en problemas, verdad?—, pregunto. —Shawn durmió toda la boda y casi toda la recepción. Va a estar despierto toda la noche contigo y Jackson—. —Para gran consternación de Jackson. Jura que estamos teniendo sexo—, dice ella más bajo, riendo disimuladamente. —Pero de ninguna manera voy a hacer nada con mi sobrino en la habitación, despierto o dormido—. —Sí. Sentía como si sus ojos se abrieran de golpe en cualquier momento, como diciendo: '¿Qué demonios están haciendo ustedes dos?'— —Exactamente. Ni siquiera sé cómo demonios Sar y Law tienen tiempo para eso si él duerme en su cama. —Algo me dice que encuentran la manera.— Ambos empezamos a reír, pero entonces lo siento. En el momento en que nos acercamos a Jeremiah y Ezekiel. Es una sensación diferente cuando puedo sentir su mirada. Con Jeremiah, es un entusiasmo, una energía como si solo su mirada jurara llevarme a lugares donde mi cuerpo nunca ha estado. Con Ezekiel, hay una locura en ello, una energía que jura poseerme y nunca soltarme. Ambas sensaciones son demasiado tentadoras. Y cuando levanto la vista, allí están, de pie con Jackson, tan parecidos pero tan diferentes. Ambos se han quitado las chaquetas de traje, se han desabrochado la parte superior de sus camisas negras e incluso llevan las mangas arremangadas hasta los codos. El pecho y los hombros de Ezekiel son anchos, los brazos fuertes, los muslos firmes y visibles bajo el pantalón de traje. Jeremiah es unos centímetros más alto, más delgado, pero sus músculos siguen siendo inconfundibles por la forma en que su camisa se estira sobre su pecho ahora mismo. Jeremiah tiene las manos en los bolsillos del pantalón y Ezekiel tiene los brazos cruzados. Ambos tienen barba, pero la de Ezekiel es más larga. Ezekiel lleva el pelo corto, mientras que Jeremiah le llega hasta los hombros, rogando por mis dedos. Los antebrazos de Ezekiel están cubiertos de tatuajes, mientras que Jeremiah solo tiene uno que se ve parcialmente a través de la parte superior de la camisa. Pero sus ojos, ambos de color marrón claro, están fijos en mí mientras nos acercamos a ellos. —¿Puedo pasear conmigo, mi amor?— Jackson le pregunta a Kamila. —¿Estás bien?— me susurra. Ella y Sarah saben muy bien cómo me pongo cuando estoy cerca de Jeremiah y Ezekiel, aunque desearía que no fuera tan fácil de ver para, aparentemente, todos. Asiento. —Estoy bien. Adelante.— —No te preocupes. Mantendremos a la pequeña Laury a salvo. —Jeremiah sonríe mientras Kamila pasa junto a ellos para ir junto a Jackson. —Sigan burlándose de mi amiga y tendré que patearles el trasero—, responde ella. —Vamos. No mordemos—, añade Ezequiel, acercándose a mí. Y cuando llega a mi altura, se inclina para susurrar: —A menos que tú quieras—. Me burlo. —Como si fueras digno de un mordisco.— —Siempre tienes una respuesta lista—, dice Jeremiah mientras todos caminamos hacia la orilla, uno a cada lado. ¿Cómo es que siempre termino entre ellos? —Es una de las cosas que más me gustan de ti—. —No debería gustarte nada de mí—, respondo mirándolo. No mires su pecho. No mires su tatuaje. Miro hacia arriba. Tampoco su maldita boca. —¿Y eso por qué?— —Porque somos amigos. Nada más.— —Amigos de—— —No. —Niego con la cabeza antes de que termine. Sonríe, como si no me creyera más de lo que yo me creo. —Ah, deja que siga mintiéndose a sí misma, Jer —interrumpe Ezequiel. —¿Por qué te gusta sacarme de quicio?—, le espeto, girándome para mirarlo. Sonríe. —Porque te hace mirarme así ahora mismo. Con ese fuego en la mirada. Me gusta mucho más que cuando andan de un lado a otro, buscando una salida, de donde finalmente te conseguimos meter entre nosotros—. —¿Me pillaste?— ¿Como si lo hicieran a propósito cada vez? Niego con la cabeza, buscando algo que decir para cambiar de tema. —¿Pueden bajar el volumen esta noche? Apenas pude dormir con todo el ruido que salía de su habitación anoche—. Tiene que ser algún tipo de castigo que me dieran la habitación justo enfrente de la de Ezekiel y Jeremiah. La primera noche cerré incluso la puerta del dormitorio de mi suite, como si esa barrera extra les impidiera invadir mis pensamientos con imágenes de ellos invadiendo mi cuerpo. No lo hizo. La noche siguiente, me puse los auriculares, canté todas las canciones de hombres que pude encontrar en mi lista de reproducción hasta que estuve exhausta y prácticamente me caí en la cama. Pero anoche, sentí que cada una de sus risas estaba dentro de mi habitación en lugar de las suyas. No sé qué demonios estaban haciendo a las dos de la mañana que los tenía riendo tan fuerte y fuerte, pero me dejaban dormir muy poco, sobre todo porque mis manos también se habían deslizado entre mis muslos en algún momento. Pero de ninguna manera les diría eso. —¿Te mantuvimos despierto toda la noche?—, bromea Jeremías. —En realidad lo hiciste.— —Deberías haber cruzado el pasillo y habríamos hecho que valga la pena el insomnio—. —¿Cada palabra que sale de tu boca tiene que sonar tan sucia?—, pregunto, esperando que no perciban el deseo en mi voz. —Bueno, cualquiera puede hacer que cualquier cosa suene sucia—. Me río. —Eso no es cierto—. —Te propongo un trato. Dime algo que creas que no pueda parecer sucio, y si puedo, tendrás que responder a todo lo que Jer y yo te preguntemos. —No lo metas en esto.— —Por favor, hazlo—, ríe Jeremías. —Quiero ver cómo va esto—. Ya casi llegamos a donde todos los demás esperan, con los pies en el agua. Sonrío, y se me ocurren palabras para hacerle perder la apuesta. —Está bien. Di: 'Esa fue la película más aburrida que he visto'—. —Espera—, interrumpe Jeremías, justo cuando Ezequiel sonríe. —¿Podría cambiar un poco la redacción?— —Dentro de ciertos límites. —Arqueo una ceja. Ezequiel se me cruza por delante y me veo obligado a detenerme en seco, lo que hace que Jeremías choque contra mí. Sin embargo, no se aparta, permaneciendo pegado a mi trasero mientras lo miro a los ojos. Me doy cuenta al instante de que es un error. Sobre todo cuando Ezequiel se inclina hacia delante, acercando su rostro al mío. —Esa película, donde terminas alejándote de nosotros sin dejar que te follemos hasta el olvido...— —Oye, eso no es...— Empiezo a objetar, pero él se inclina más y las palabras se me mueren en la garganta. Por no hablar de Jeremiah, que me aprieta más por detrás. —Fue la absoluta...— Se acerca de nuevo hasta que nuestras narices casi se tocan, sus ojos se encuentran con los míos. —La peor... película... que he...— Inhala y luego suelta un suspiro profundo y tembloroso. —Jamás...— Me mira los labios y luego a los ojos. —He visto.— —Agregaste...— Me aclaro la garganta cuando casi susurro. —Agregaste demasiadas palabras. Y las miradas no estaban incluidas en la apuesta.— —Pero lo único que importa es...— Siento a Jeremías inclinarse hacia adelante y casi grita al sentir su boca acercarse a mi oído. —Bueno, ¿consiguió sonar sucio?— —¿Estás mojado ahora mismo por lo que dije?— Ezequiel va directo al grano. Con una confianza que no siento en ninguna parte de mí, levanto la cabeza y le sonrío con suficiencia. —Más mojada que nunca—. Sus ojos se abren de par en par, probablemente porque finalmente lo estoy admitiendo por una vez. —Entonces, ¿qué queremos preguntarte, Jer? Niego con la cabeza. —Acabas de hacer tu pregunta—, digo con voz alegre, y luego me deslizo entre ellos y empiezo a alejarme. —¿Qué?— grita Jeremías mientras ambos me alcanzan rápidamente. Me preguntaste si estaba sucio, y te habría respondido sin más, pero el malhablado de tu hermano tuvo que interrumpirme y preguntarme si estaba mojado. Así que consideré tu pregunta y respondí. Échale la culpa. —Maldita sea, Zek—, le gruñe Jeremías. ¿Cuántas ganas tenía de hacerme una pregunta? Y por lo molesto que parecía, ¿qué demonios iba a ser? —Si ya terminaron de frotarse entre sí, tal vez podamos comenzar—, bromea Sarah cuando llegamos hasta ellos. Claro, estaban viendo todo eso. Al menos es de noche, y probablemente nadie pueda verme sonrojarme. Pero claro... —El rosa te queda bonito—, susurra Jeremías mientras pasa a mi lado para ir a pararse al lado de Law.
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