Joe se despertó. Seguía en el hospital y seguía solo. Antes de que pudiera darse cuenta de dónde estaba o de qué estaba pasando, sintió una oleada de ira. No sabía por qué se sentía así, y no lo cuestionó. Simplemente era así. Se agachó y agarró la vía intravenosa; tirando con fuerza, la arrancó del brazo. Un poco de sangre brotó de donde había estado la aguja. Su cuerpo estaba lleno de dolor. Y de energía. Y del deseo de matar algo. De destruir algo. De comer algo. ¿Qué estaba pasando? Joe se levantó y salió de la cama antes de saber lo que estaba haciendo. Era como si su cuerpo se moviera en piloto automático, como si supiera qué hacer. Era el instinto. Y Joe se sentía... diferente, de una manera que no podía explicar. El dolor recorrió todo su cuerpo. Un ardor insoportable como nunca

