Joe se sentó durante otra hora y pico, hablando con el barman, un tipo llamado Angelo. Angelo le hablaba de su novia, y Joe fingía que le importaba. No dijo mucho; no es que pudiera hacerlo, ya que Angelo era un auténtico hablador, pero Joe asentía de vez en cuando y aportaba afirmaciones tan perspicaces como «claro», «sí» y «ajá». Finalmente, Dallas salió a grandes zancadas, vestida con un ajustado traje de cuero rojo. Joe le echó una mirada, y su pene se puso duro. Pero ¿y si se quemaba de nuevo? Todavía no tenía ni idea de lo que había provocado aquello, y no se había atrevido a tocarse el p**o más que para mear desde que se había hecho daño. Angelo—Oí que me buscabas —ronroneó ella. —Oíste bien —asintió Joe. Ella miró su cara. —Eso parece doloroso. Oí que tuviste un accidente. Te a

