La noche de Nochebuena había llegado, y el aire gélido estaba impregnado de una magia especial que prometía una Navidad blanca, mientras los copos de nieve comenzaban a caer suavemente sobre las calles iluminadas por las decoraciones festivas que adornaban cada rincón del vecindario. Isabela se encontraba de pie frente a la imponente puerta de caoba de la casa de su padre, sintiendo un nerviosismo que le revolvía el estómago y le hacía temblar las manos. Habían pasado exactamente cinco años desde la última vez que había puesto un pie en ese lugar, en una noche como esa, cuando la traición de Rafael, su ex prometido, y las circunstancias que rodearon su compromiso roto la dejaron con el corazón destrozado y el alma hecha pedazos, alejándola de todas las celebraciones familiares que tanto

