El silencio en la mesa se volvió tan denso que podría cortarse con un cuchillo. Todos los familiares permanecían callados, procesando la brutal honestidad de las palabras de Isabela. —Isabela, ¿es que aún te duele que Rafa me haya elegido? Hablas con tanto resentimiento que, deja claro que aún estás dolida. —Por favor, que te diga las verdades no quiere decir que estoy dolida, querida hermana —hizo una pausa y miró a Rafael con una sonrisa—. Yo de ti, mejor le preguntaría a tu esposo si me ha superado. Los familiares cubrieron la boca para no murmura y reírse ahí mismo—. Porque yo, lo he superado completamente —aseguró con convicción. —Pues no parece —dijo su padre furioso esperando que ese tema se cerrará. —Lo que sucedió es algo que ya no me causa ni el más mínimo dolor o perturba

