—¿Vamos a entrar? ¿Es legal? —inquirió Helena, mirando a su alrededor. —Completamente legal —aseguró él, abriendo una puerta lateral—. Soy el arquitecto a cargo de la restauración. El interior del palacio era un testimonio del esplendor pasado de Madrid. Incluso en la penumbra, Helena podía distinguir los elaborados frescos en los techos y las molduras doradas que adornaban las paredes. Marcos encendió algunas luces, revelando un espacio que parecía sacado de un cuento de hadas. —Es increíble —murmuró Helena, girando sobre sí misma para absorber cada detalle—. Nunca pensé que estaría a esta hora de la noche en este lugar.. —Espera a ver la mejor parte —dijo, tomándola suavemente de la mano y guiándola por una escalera. El contacto de sus manos envió un hormigueo por el brazo de

