Como tenían costumbre, salieron tomados de la mano del hospital. Sosuke san hizo una reverencia al ver a la médica y abrió la puerta del vehículo. Durante el camino hacia la Mansión Fukuda, Shiro no dejó de mirar a Kazumi de esa manera especial que a ella la ponía muy nerviosa, y ahora más al saber los verdaderos sentimientos de su amigo por ella. La médica trataba de no enfocar su mirada en él, pero el peso de la del heredero Fukuda era tan intensa que ella la buscaba tímidamente y no la podía sostener por mucho tiempo. «Por lo más sagrado, que deje de mirarme así, ¡parece que quisiera comerme! Pero qué dices, Kazumi. Desde que te imaginaste una vida junto a Shiro estás viendo cosas en donde no las hay. Él te respeta, es tu amigo. Claro que le gustas y siente amor por ti, y el amor viene

