Los nudillos de Nolan se volvían blancos mientras sujetaba el volante, con la mirada fija en la carretera. El velocímetro iba subiendo cada vez más, y Layla podía sentir el esfuerzo del coche debajo de ellos. Quería decirle que redujera la velocidad, pero tenía demasiado miedo para hablar. El sonido del motor era ensordecedor, y el mundo fuera del coche parecía difuminarse rápidamente. Layla cerró los ojos, tratando de bloquear el miedo que amenazaba con abrumarla. —Por favor, detente, Nolan... —logró decir. Él era un Licántropo, ella era humana, si tuvieran un accidente, ella perdería la vida. —Ni una palabra más de ti, Layla, te advertí que te mantuvieras alejada de otros hombres, pero ¿no escuchaste, verdad? —dijo muy molesto. El hecho de que ella aceptara recibir el castigo por

