Layla se estaba desmoronando, comenzó a sentirse mareada y aturdida. Su cuerpo le dolía y sentía que iba a desmayarse. Tenía tanta sed y podía sentir cómo su fuerza disminuía. Sabía que necesitaba ayuda, pero estaba demasiado débil para moverse. Su estómago le dolía, gruñía de hambre y también le dolía la garganta. Empezó a sentir calor y sudor, y su cabeza daba vueltas. Intentó incorporarse, pero era demasiado débil. Empezó a entrar en pánico, su mente llenándose de pensamientos sobre lo que le podría pasar. Sentía como si se estuviera desvaneciendo, como si estuviera perdiendo el control de la realidad. No podía permitirse perder a su bebé, así que, con la poca fuerza que pudo reunir, gateó lentamente fuera de la cama, cayendo directamente al suelo mientras intentaba alcanzar la puert

