—Oh no —Layla murmuró mientras se levantaba del suelo. —Malditas sandalias —maldijo, quitándoselas de las piernas mientras se levantaba del suelo. Esas estúpidas sandalias la había retrasado, ahora uno de los hombres de Hayes se acercaba corriendo hacia ella. Layla estaba shockeada más allá de lo que podía medir por lo que estaba sucediendo esta noche. Veía como a Nolan le crecían los colmillos y mataba a los hombres de Hayes hombres con sus propias manos. La verdad era que ella estaba muy asustada y se hubiera vuelto loca hace mucho tiempo, pero ahora lo único que le importaba era su vida. —¡Agárrenla! —gritó Hayes señalando a Layla, que se preparaba para huir. —¡Oh mierda! —Nolan maldijo entre dientes arrancando el corazón del hombre con el que estaba luchando, mientras su cuerpo

